diumenge, 1 de maig de 2016

La mustela que va aturar El Gran Col.lisionador d'Hadrons.


Cuando leí la noticia, primero no pude contener la risa, luego la pregunta y desde ayer llevo dando vueltas a las muchas facetas de este poliédrico suceso que ha ocurrido en el CERN. El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) ha quedado detenido unos días por una avería en un transformador, al parecer producida por una comadreja que debió penetrar en un punto del gran anillo que constituye este enorme sistema enterrado bajo el bosque en la frontera entre Francia y Suiza, cerca de Ginebra.

Para quien esté interesado en las ciencias y tecnologías y en cómo se integran en la trama que constituye el mundo en el que vivimos, y, sobre todo, para quien lo esté con algún interés filosófico, el hecho es una de esas cosas "que hacen pensar", que diría el filósofo alemán Martin Heidegger. Es la constelación de aspectos relacionados en el evento lo que me hace considerarlo algo simbólico que merece alguna reflexión.

El LHC es muchas cosas. Es, en primer lugar la mayor máquina jamás construida por la humanidad. Llevó varias décadas a miles de técnicos, ingenieros, científicos y gestores pensarla, planificarla y construirla. Es la mayor gloria de la investigación europea que demuestra lo que puede realizarse con la cooperación (el CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) fue una de las primeras empresas de la naciente Comunidad Europea. Nació en 1954. Ahora forman parte de este veintiún miembros, varios de ellos no europeos y tiene convenios con decenas de países de todo el mundo. Es por ello el centro de mayor colaboración científica del mundo en una sola empresa). Es, en segundo lugar, la mayor empresa de investigación sin un propósito utilitario ni económico primario. Está diseñado para conocer los últimos componentes de la materia y el origen del universo que puede permitirse actualmente el mundo con los recursos científicos, técnicos y económicos disponibles. A diferencia de lo que ocurre en otros campos de la investigación como la biología e ingenierías, los efectos "útiles" son resultados secundarios, por importantes que sean (internet fue, por ejemplo, uno de ellos). Hasta el momento ha logrado recrear el bosón de Higgs y, con ello, reconfirmar el modelo estándar de la Mecánica Cuántica, una de las dos grandes teorías básicas sobre el universo junto a la Teoría de la Relatividad. En los años que le quedan de funcionamiento debería descubrir o intentarlo partículas supersimétricas (mejor consúltese Wikipedia), lo que nos daría una mejor aproximación hacia las grandes teorías de unificación y permitiría explicar la materia oscura del universo.

Que explicar estos fenómenos sea aún un objetivo de la ciencia, y que las sociedades lo apoyen me parece un milagro como el que Antonioni pudiera rodar sus películas. En un tiempo de neoliberalismo, es sorprendente que aún pueda mantenerse este objetivo y que no haya sido machacado por la máquina de calcular. No hay ninguna duda de que el peligro de que esto ocurra es muy cercano, así que crucemos los dedos. La física teórica se acerca cada vez más a las humanidades en el hecho que tener que defender su existencia sobre argumentos utilitaristas que quienes practican estas disciplinas saben que es para intentar convencer a los gestores de algo que no están convencidos, cuando el verdadero argumento es que necesitamos la física para comprender el universo y las humanidades para comprender la humanidad. Punto.

Una comadreja es, por el contrario, uno de los objetos más complejos del universo. En este enlace se la describe como un animal totémico del ocultamiento, y el descubrimiento de lo reservado, aunque también un icono emblemático de lo aprovechado, de lo ladino y traicionero. Murray Gell-Mann, uno de los físicos que creó el modelo estándar de Mecánica Cuántica, que el LHC ha verificado de nuevo, escribió en 1994 un famoso ensayo, El quark y el jaguar, comparando lo más simple, el quark y lo más complejo, el jaguar. Hay una cierta ironía en que haya sido uno de los especímenes de lo complejo y pequeño el que haya detenido la máquina más grande del universo conocido construida para investigar lo más simple. Ciertamente, no va a contribuir a que los eurócratas que están destruyendo con su máquina de calcular la Comunidad Europea sigan manteniendo este proyecto, pero no por eso deja de ser algo más que curioso.

El acelerador y la comadreja son también dos ejemplos de diseño complejo. El LCH es una máquina enorme de miles de componentes interdependientes que se organizan jerárquicamente a un solo propósito, el de acelerar las partículas llamadas hadrones (partículas compuestas de tres quarks, los bariones, como protones y neutrones, y los mesones, compuestas de un quark y un antiquark, como los piones) hasta velocidades cercanas a la luz que giran en dos anillos en dirección contraria para chocar a energías muy próximas a las de los rayos cósmicos y a los del inicio del universo. Un pequeño fallo en uno de sus componentes, como ha ocurrido ahora, puede detener todo el funcionamiento de la máquina. Es también una máquina grande que consume enormes cantidades de energía cuando está en funcionamiento (180 megavatios, casi un veinte por ciento de una central nuclear, la mayoría de los cuales se destinan a refrigerar los magnetos superconductores. Consume lo que una ciudad de tamaño pequeño, por lo que solamente puede encenderse en los meses de menos frío). La comadreja, por el contrario, es un ser pequeño, multifuncional, de diseño múltiplemente distribuído e interactivo, que sobrevive continuamente a pequeños accidentes y enfermedades, que tiene, como los seres vivos complejos, una "grateful dead", un decaimíento lento y parsimonioso (a menos que sea por accidente mortal). Es un ser adaptativo en interminable interacción con el medio. Es, como todos los productos de la evolución. una máquina hecha de adaptaciones sobre adaptaciones, no diseñada por ningún ser inteligente sino por fuerzas ciegas que aprovechan los hallazgo anteriores para nuevas funciones.

Los economistas son casi todos darwinistas sociales que creen que el mercado produce comadrejas dejado en libertad mientras que el orden centralizado solamente produce máquinas enormes e inútiles como el LHC. Acuden a Darwin para que les de la razón, aunque no citan los cuatro mil millones de años que llevó construir una comadreja. Ellos creen en los pelotazos instantáneos del mercado. Pero aún así llevan razón en contrastar lo orgánico y lo mecánico. Junto a los economistas, muchos teóricos del diseño antimecánico, que estuvieron en el trasfondo del ecologismo de los años sesenta, también contrastan el diseño reticular de un ser orgánico con el diseño jerárquico de una máquina. Quizá estas oposiciones no tengan ya mucha razón de ser porque la ingeniería se aproxima cada vez más al diseño distribuido, y el neoliberalismo, pese a lo que dice, es él mismo una máquina cada vez más burocrática sin otro propósito que destruirse a sí misma.

Pese a todo, que los humanos hayan sido capaces de construir el LHC con el único propósito de entender el mundo en el que habitan, es el fenómeno que hay considerar in extenso, aunque también haya que pensar que una comadreja haya detenido esta asombrosa empresa. Los ingenieros encontrarán pronto formas de proteger la máquina de estos animalitos, aunque me temo que no sean capaces a medio plazo de protegerla de otras comadrejas que no habitan en los bosques alpinos sino en los pasillos gubernamentales.

Fernando Broncano, La comadreja y el acelerador de partículas, El laberinto de la identidad 01/05/2016