dimecres, 25 de maig de 2016

Freud i la fi del mite del jo com a identitat compacta.

Sigmund Freud

Decía el psicoanalista Fritz Wittels que quien no es ambivalente no puede ser vienés, aludiendo con ello a un modo de pensar contrastante que tiene en Freud su paradigma. 

En efecto, Freud, que se identifica con la imagen del científico liberal-positivista, orienta su "sed analítica de verdad" hacia lo innominado, lo que le aboca a un "lenguaje de imágenes" que desafía el modelo unívoco de la ciencia clásica. Subvirtiendo en la práctica el concepto de verdad como correspondencia con los hechos, Freud introduce una posibilidad de dar razones que sólo se verifican por sus efectos y que dimanan de un proceso virtualmente interminable en el que emergen diversos planos de realidad. Con lo que no sólo ilumina los impulsos afectivos más ocultos, sino que también muestra "la imprecisión de lindes" entre lo virtuoso y lo perverso o lo normal y lo patológico - según los criterios de la cultura racionalista, a la que él no deja de pertenecer-. 

Freud sella el fin del mito del yo como identidad compacta, caída que arrastra consigo otras; por ejemplo, la idealidad de la ley y la soberanía irrestricta del padre. Él, que aspira tanto en su vida privada como en el círculo psicoanalítico a ejercer la autoridad del pater familiae, pone al descubierto la duplicidad de sentimientos que se suscita en torno a esa figura, cuyo espacio de dominio ya nunca más aparecerá como un refugio de paz y buenas costumbres - así como el niño dejará de ser visto como un ángel-. 

Del mismo modo, declarándose conservador en sus apreciaciones del arte, Freud favorece la desacralización del artista como padre de su obra y el cuestionamiento de la representación como traducción de algo preexistente, al tiempo que desbroza el camino hacia formas de creación abiertas a lo ominoso (como las del expresionismo y el surrealismo). 

En realidad ocurre con Freud lo que él ha enseñado a ver en el resurgir de los recuerdos. Oscilantes entre el pasado y el presente, estas huellas - reales o imaginarias- pueden tomar un significado u otro según el sesgo de los acontecimientos que las llaman a la memoria. 

Y así, mientras que en un principio el foco de la teoría era una noción ampliada de la sexualidad vista como "el lugar más lábil" de la organización psíquica, después toma protagonismo el retorno de lo igual como proyección de un mundo que se complace en repetir los mismos juegos. Frente a esta atonía asimilable a la muerte, Freud sugiere que saber vivir equivale a confrontarse a las metamorfosis de la caducidad, es decir, a saber incorporar la muerte a la vida. 

Lo cual es un ejemplo de la fecundidad de su pensamiento antinómico y atento a detalles creadores de sentido, siendo esto - el sentido, el amor: lo que crea lazos- lo único que puede contrarrestar aquella inercia disgregadora. 

Josep Casals, De cerca y de lejos, La Vanguardia 06/05/2006 (150 años del padre del psicoanálisis)

Josep Casals, profesor de Estética en la Universitat de Barcelona. Autor, entre otros libros, de ´Afinidades vienesas´