dimarts, 24 de maig de 2016

Futur, política i representació (Byung-Chul Han).


La creciente presión de desmediatización se apodera también de la política. Pone en apuro a la democracia representativa. Los representantes políticos no se muestran como transmisores, sino como barreras. Y así, la presión de desmediatización se presenta como exigencia de más participación y transparencia. (…) La creciente exigencia de presencia, que el medio digital engendra, constituye una amenaza general para el principio de la representación. (Sin mediación, 15-16)

«Yo soy mi electorado» significa el final del político en sentido enfático, a saber, de aquel político que se aferra a su propio punto de vista y, en lugar de andar en conformidad con sus electores, se anticipa a ellos con su visión. Desaparece el futuro como tiempo del político. (Sin mediación, 16)

La política como acción estratégica necesita un poder de la información, a saber, una soberanía sobre la producción y distribución de la información. En consecuencia, no puede renunciar por completo a aquellos espacios cerrados en los que se retiene información de manera consciente. La confidencialidad pertenece con necesidad a la comunicación política, es decir, estratégica. Si todo se hace público sin mediación alguna, la política ineludiblemente pierde aliento, actúa a corto plazo y se diluye en pura charlatanería. La transparencia total impone a la comunicación política una temporalidad que hace imposible una planificación lenta, a largo plazo. Ya no es posible dejar que las cosas maduren. El futuro no es la temporalidad de la transparencia. La transparencia está dominada por presencia y presente. (Sin mediación, 16)

La crisis de la representación (fotográfica) tiene su correspondencia en lo político. (Crisis de la representación, 41)

En Psicología de las masas Gustave Le Bonn observa que los representantes en el parlamento son peones de la masa de trabajadores. Esta representación política es fuerte. Está vinculada inmediatamente a sus referentes. De hecho, defiende los intereses de la representada masa de trabajadores. Hoy, la relación de representación está perturbada en todos los ámbitos, lo mismo que en la fotografía. El sistema económico-político se ha hecho autorreferencial. Ya no representa a los ciudadanos o al público. Los representantes políticos ya no se perciben como peones del «pueblo», sino como peones del sistema, que se ha hecho autorreferencial. El problema está en el carácter autorreferencial del sistema. La crisis de la política solo podría superarse por el acoplamiento a los referentes reales, a los hombres. (Crisis de la representación, 41-42)


¿A quién representan los representantes políticos si cada uno ya solo se representa a sí mismo? (Crisis de la representación, 42)

Byung-Chul Han, En el enjambre, Herder, Barna 2014