dimecres, 25 de maig de 2016

Després de la mort de Freud.

En la Viena de fin de siglo XIX se desmoronaba brillantemente, como un enorme decorado de opereta, algo más que un mundo antiguo. El ser humano dejó primero de adorar a los astros para espantar sus miedos, después descubrió con Copérnico y Galileo que la Tierra no era el centro en torno al que giraba todo el universo, y luego Darwin le enseñó que no era más que un animal evolucionado. Con Sigmund Freud, médico judío que nació hace ahora 150 años, aprendió que dentro de nosotros hay una realidad que no conocemos conscientemente y que en parte nos gobiernan pensamientos y deseos que permanecen ocultos porque nos da miedo afrontarlos. 

En aquella Viena de Schnitzler, Planck o Wittgenstein, de Ernst Mach, Schönberg o Musil y su hombre sin atributos, Freud, a pesar de toda su carga de prejuicios, liberó los fantasmas interiores del hombre e intentó sistematizar su teoría del psicoanális, creyendo en el poder curativo de la palabra, única manera de hacer visible lo inconsciente. Escandalizó a muchos - en una época plagada de tabúes-, convenció a otros y encandiló a unos pocos, que convirtieron su palabra en dogma sagrado. La influencia de la palabra de Freud fue vasta en el arte, la literatura, el cine, la antropología o el pensamiento. Conceptos como libido, complejo de Edipo, inconsciente, pulsión de muerte o la tensión entre Eros y Tanatos son tan populares como el término freudiano para calificar una situación raramente turbia. 

¿Qué queda hoy de las tesis de Sigmund Freud? Tras ser sacralizado, a pesar de críticos como Popper o Wittgenstein, el péndulo osciló al extremo opuesto y diversos libros comenzaron a demoler el mito: The memory wars, de Frederick Crews; Killing Freud, de Todd Dufresne, o Por qué se equivocó Freud,de Richard Webster. El pasado año, Le livre noir de la psychanalyse (Les Arènes) incendió el psicoanalisis francés y provocó la respuesta de otro libelo, firmado por el lacaniano Jacques-Alain Miller. El libro negro despliega en 830 páginas un juicio sumarísimo a Freud. Se niega la eficacia de la psicoterapia (si bien en favor del tratamiento cognitivo conductual), se acusa a Freud de haber falsificado informes, no haber curado a ninguno de sus pacientes, haber forzado sus interpretaciones para ajustarlas a sus hipótesis, no entender la sexualidad femenina o haber creado una pseudociencia cripto-teológica con voluntad universalista, etnocéntrica y moralista. En general, se acusa al psicoanálisis freudiano de aplicar un método que no requiere una prueba empírica para contrastar la veracidad de la hipótesis. 

Como sucede con las figuras hegemónicas, tras la exégesis fue declarada la muerte de Freud. Pero el psicoanálisis, renovado y dividido en mil escuelas, resulta útil para muchas perturbaciones, y numerosos expertos aconsejan combinar su método con técnicas cognitivas o la receta de fármacos. Lo que más hizo envejecer a Freud han sido los cambios sociales y los formidables descubrimientos de la ciencia sobre el funcionamiento del cerebro. Hallazgos que explican el cerebro, pero siguen sin dar la clave del funcionamiento de la mente humana. Aun así, António Damásio, uno de los neurobiólogos más influyentes de hoy y que sostiene que no se pueden separar cuerpo y alma, materia y mente, reivindica las intuiciones geniales de Freud -no contaba con los instrumentos científicos modernos- sobre la naturaleza de la conciencia y "la idea de que nuestras emociones actúan por debajo del umbral de la conciencia y guían nuestros comportamientos conscientes". Por ejemplo, "cuando se destruyen los circuitos emocionales del cerebro, se destruye también el proceso normal de la toma de decisiones, y son incapaces de decidir qué deben hacer". Freud, para muchos, es literatura que se lee como las narraciones de los mitos griegos, pero se reivindican sus análisis sobre el malestar en la cultura o sus textos políticos, su escepticismo sobre la posibilidad del ser humano de paliar su angustia o refrenar por medio de la cultura sus impulsos agresivos. 

Josep Massot, Freud, ¿vivo o muerto?, La Vanguardia 06/05/2006 (150 años del padre del psicoanálisis)