dissabte, 12 de març de 2016

Petites ambicions.(Aforismes de Fernando Aramburu).

Fernando Aramburu
— Practicando con perseverancia la crítica de la autocrítica, tienes grandes posibilidades de llegar tras largo esfuerzo a donde estabas.

— La bondad suele tener mejor ortografía.

— Ignoro si algún día encontraré lo sagrado en mí. Por si acaso ya tengo preparado el escalpelo.

— Un perro bilingüe, ¿qué es? ¿Uno que ladra y maúlla?

— No se puede por menos de considerar un logro asombroso de la humanidad la invención de los guarismos del 0 al 9. Inferir acto seguido el resto de los números, hasta donde alcancen nuestras potencias mentales, ya es más que nada trabajo de oficina.

— No ambiciono la eternidad. Soy modesto. Me conformo con cuatro mil millones de años, minuto arriba o abajo.

— Se nota en la manera de aniquilar a sus víctimas sin juicio previo que a los leones les falta un poco de evolución para ser humanos.

— Considero un hecho afortunado que sólo tengamos dos mejillas. A nada que tuviéramos ocho o nueve necesitaríamos normas de tráfico para besarnos.

— No hay extremista compasivo.

— En un sentido estricto y para ahorrar tiempo, toda la historia de la filosofía se puede dividir en dos escuelas: la presocrática y la pos-socrática. De donde se deduce que de haber muerto Sócrates a edad temprana, sin tiempo de manifestar opinión alguna, no habría existido la filosofía.

— Están en contra del capitalismo, pero a favor del dinero propio.

— Sin duda, el aplauso de los hombres es recompensa insuficiente al talento y el esfuerzo; pero ¿qué podemos hacer? ¿Esperar a que también nos ovacionen los caballos?

— Se ensalza la guillotina pensando en las cabezas de otros.

— Últimamente me he estado fijando en ciertos políticos e intelectuales, los cuales aprovechan la libertad de expresión que les brinda la democracia para postular opciones totalitarias. No hay más que verles la cara para comprobar que todos sin excepción se imaginan en puestos de mando.

— Algunos están tan convencidos de la trascendencia y necesidad de su causa que no les entra en la cabeza que sus víctimas tarden tanto en resucitar y venir a darles las gracias.

— La oscuridad es la patria de los feos. Que me lo pregunten a mí, que soy oscuro.

— Lo peor no hace bueno lo malo.

— Los calamares ¿son de izquierdas o de derechas? Porque, claro, a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría pensar que una diferencia tan grande no afecte en mayor o menor medida al sabor.

— Hazles un palacio de mármol. Dirán: un palacio. Hazles un palacio de roca, de madera, incluso de caña, y también dirán, aunque les guste menos: un palacio. Pero ay de ti como se lo hagas de palabras. Puedes darte con un canto en los dientes si al menos unos cuantos admiten que la construcción recuerda vagamente una chabola.

— Los libros ¿cómo van a cambiar la realidad si la realidad no lee libros?

— En resumen, los hombres crearon a Dios con el noble y práctico fin de que a continuación Dios los creara a ellos.

— Saber que de sus libros se venderán a lo sumo 10, 15, 30 ejemplares, no los disuade de escribir para la inmensa mayoría.

— Estaba acorralado. Me tuve que alabar en defensa propia.

— Divertirse no es otra cosa que el olvido temporal de la muerte.

— Es automático. Falla el hombre, falla su lenguaje.

— No he conocido a nadie que odiara con elegancia.

— Uno muere bastante, incluso muere mucho, cuando se muere. Con eso y todo, se diría que la muerte definitiva no le sobreviene hasta que, pasados los años, se muere la última persona que lo conoció.

— No recuerdo haber hablado de la infancia cuando era niño. Se conoce que entendía poco de la materia.

— Las crisis, en arte, no son más que la tierra quemada que dejaron los genios a su paso.

— Yo sólo le disparé. Luego, lo de morirse, ya fue cosa suya.

— Atribuyo al conocimiento y la formación cultural la propiedad de hacer superfluos a los líderes.

— Envejecemos para que otros puedan pasar de la infancia a la juventud y de esta a la madurez. Se podría decir que envejecer no es sino hacer sitio a los que vienen por detrás.

Fernando Aramburu, Pequeña magnitud, Babelia. El País 09/03/2016