dissabte, 19 de març de 2016

L'utilitarisme i el cas O. J. Simpson.


El 3 de octubre de 1995 la CNN y el periódico USA Today realizaron una encuesta de opinión. Según la misma el 56 por ciento de los norteamericanos creían que O. J. Simpson había asesinado a su mujer Nicole y a su amigo Ronald Goldman. No obstante, el jurado le declaró “no culpable”. Independientemente de si Simpson era culpable o no, es posible que de haberle condenado se hubiesen producido disturbios en señal de protesta. Y ello podría traducido en varias víctimas. Así pues, quizá la absolución de Simpson era lo mejor para todos, siempre que este no reincidiera. Imaginemos ahora que las cosas hubiesen ocurrido de otro modo: en el último momento alguien presenta una prueba que pone en evidencia la culpabilidad de Simpson más allá de toda duda razonable. Cuando están a punto de emitir el veredicto, los miembros del jurado se enteran de que un grupo de fanáticos armados –y no me refiero a la policía de Los Ángeles- están dispuestos a sembrar el caos en la ciudad si Simpson es declarado culpable. Los miembros del jurado tienen el deber de emitir el veredicto que consideran cierto. Pero ¿acaso no tienen también el deber de evitar la muerte de personas inocentes si eso está en sus manos? La respuesta a este dilema moral depende de si hacer lo “correcto” es correcto independientemente de las consecuencias. Dicho de otro modo, depende de si la moralidad es un fin en sí mismo o simplemente un medio para hacer que el mundo sea un lugar mejor. Los moralistas utilitaristas creen que es lo segundo. Para un utilitarista el dilema del jurado es fácil de resolver: basta con hacer unos cuantos números. Bajo ese prisma es claramente mejor optar por la absolución y que no haya ningún crimen que imputar a Simpson para enfrentarse con un número elevado de víctimas.


Nicholas Fearn, Zenón y la tortuga, Grijalbo, Barna 2003