diumenge, 20 de març de 2016

Jeremy Bentham, pare de l'utilitarisme.

Jeremy Bentham

El primer utilitarista fue Jeremy Bentham. Nació en el seno de una familia de abogados en Londres en 1748, Estudió en la Universidad de Oxford e ingresó en la profesión. Su padre tenía esperanzas de que un día se convirtiera en la cabeza de la administración de justicia de Inglaterra. Pero Bentham jamás ejerció de abogado. Aducía que el “demonio del engaño” estaba muy extendido en el sistema legal. Prefirió centrarse en la teoría en vez de en la práctica. Y en última instancia en el espíritu de la ley, no en la ley tal como los abogados la entendían. Su propuesta consistía en profundizar en la base moral de las leyes. El fundamento que descubrió fue su utilidad. Bentham definía la utilidad como “aquella propiedad de cualquier objeto por medio de la cual tiende a producir placer, bien o felicidad, o a evitar el daño, el dolor, el mal y la desdicha”. Su lema, que fue adoptado de distintas formas por los utilitaristas posteriores, era “la mayor felicidad para el mayor número posible”.

Bajo ese criterio, Bentham encontró que muchas instituciones presentaban carencias. La Iglesia oficial, los abusos de la Constitución británica y un sistema penal incompetente eran los blancos de su polémica. La decepción a causa del último de los tres le llevó a concebir su famoso “panóptico”, Fue en 1785 durante una estancia en Rusia. Se trataba de un nuevo tipo de prisión de estructura circular. Los guardias se colocarían en el centro, desde donde podrían vigilar a los reclusos sin ser vistos. Por desgracia, Bentham no consiguió convencer a Catalina la grande, cuyos sucesores prefirieron utilizar minas de sal en vez de panópticos. Pero ello no le disuadió. Dedicó otros veinte años y una gran cantidad de dinero a promover la idea. En vano, Bentham y sus ideas encontraron mejor acogida a principio del siglo XIX. A causa de la derrota de Napoleón en 1815 Europa necesitaba un asesor legal que aconsejara sobre el marco de las nuevas constituciones. Los juristas rusos, alemanes y españoles se beneficiaron del consejo sabio de Bentham durante este período. Su vasta influencia sobre la legislación mientras tanto llegó hasta Sudamérica y Estados Unidos, donde tenía buena relación con los presidentes Adams y Madison. Murió en 1832. Sus restos fueron momificados, le pusieron su ropa y, de acuerdo con sus deseos, lo colocaron en una vitrina para que todo el mundo pudiera verle en el University College de Londres. Todavía se le puede ver allí.


Nicholas Fearn, Zenón y la tortuga, Grijalbo, Barna 2003