dimecres, 30 de març de 2016

Quan el físic es fa metafísic.

Isaac Newton

Se quejaba Newton de no haber logrado deducir de los fenómenos  la razón o causa de la gravedad. Ello no le impide describir matemáticamente los fenómenos gravitatorios y efectuar una generalización por inducción a la que, para gran escándalo de algunos, califica de Filosofía, aunque añade la coletilla experimental, es decir, filosofía natural experimental y que no es otra cosa que una física experimental.
Una parte del trabajo de la física consiste en efecto en una descripción genérica de fenómenos, es decir generalización de lo reiteradamente constatado, que una vez formalizada e inserta  en un conjunto consistente vienen a formar parte de  una teoría. En función de esta teoría la física hace previsiones relativas a lo que puede acontecer. Ejemplo canónico: mediante generalización por inducción,  Newton concluye que los cuerpos carentes de soporte en el entorno de la Tierra se aproximan a la misma de tal suerte que en un primer segundo recorren 9.83 metros,  en el segundo posterior doblan ese recorrido, en el tercero tres veces,  y generalizando: cada segundo incrementan su velocidad en una magnitud de  9.83 metros por segundo.  Erigido este comportamiento en regla de los graves en torno a la Tierra podemos efectuar una previsión sobre el lugar en el que se hallará por ejemplo dentro de cinco segundos   un cuerpo queahora abandonamos en "libre" caída. Esta generalización a partir de la experiencia era al decir de Newton suficiente para esa  "filosofía experimental" a la que se refería.
Ya he indicado que Newton soslayó la pregunta fronteriza sobre  la causa o razón que mueve a los graves a ser tales, y además a serlo  con tal determinación precisa (9.83 metros por segundo cada segundo). La renuncia de Newton a incluir tal interrogación en el compendio de la ciencia física, suponía de facto soslayar la aporía siguiente: la gravedad newtoniana parecía dar testimonio de la existencia de una fuerza que opera en la distancia, contrariamente a lo que por doquier se muestra como condición de posibilidad de que se ejerza una fuerza.
Pues como bien constatamos en la relación cotidiana con las cosas del entorno, la influencia de un objeto A sobre un objeto B, o bien se efectúa por directo contacto de A sobre B, o por contacto con una tercera entidad  C que a su vez está en contacto con B. No sólo constatamos esto una y otra vez,  sino que hemos generalizado tal constatación hasta el punto de vivir como si se tratara de un principio general de la naturaleza, un principio que no hay que explicar sino que sería presupuesto no susceptible de ser puesto en tela de juicio por explicación alguna.
Vemos pues que si Newton se hubiera decididamente abierto a la interrogación sobre la  sorprendente caída de los graves ello le hubiera conducido a interrogarse sobre la legitimidad  del principio por el cual estamos seguros de que (salvo las artes de un mago) no se conseguirá que lo que acontece en la distancia nos afectedirectamente  (es decir sin la mediación temporal exigida por las cosas que se interponen entre nosotros y lo que pretende afectarnos). Si no hubiera renunciado a explorar el curioso fenómeno de la aparente acción a distancia con el tremendo argumento de que la ciencia natural no exige aventurar conjeturas al respecto (Hypothesis non fingo), Newton se hubiera en suma visto obligado a enfrentarse al problema de la universalidad de un postulado o presupuesto que rige nuestro lazo cotidiano con el entorno natural. Y haciendo tal cosa no sólo hubiera respondido mayormente a su condición de físico sino que (por el hecho mismo de haberse enfrentado a los presupuestos de la física) hubiera devenido metafísico.  
Hay aquí como una especie de paradoja: al no interrogarse sobre un caso de aparente acción a distancia, al soslayar el problema de la "razón de la gravedad", Newton está fallando a la exigencia de inteligibilidad que es la marca misma de la ciencia. Renuncia... a su pesar (como lo muestran múltiples textos en los que se queja de su impotencia), pero renuncia fin y al cabo, es decir: lo que él llama "filosofía experimental", que se satisface  con la generalización por inducción, no es propiamente esa filosofía natural que se confunde con la física, la cual,  en palabras de Leibniz,  "busca siempre la razón". Pero como aquí vengo mostrando el término filosofía es  equívoco y de hecho en tiene arranque allí mismo dónde la física encuentra una aporía que le hace reflexionar sobre sus propios cimientos. En síntesis:
1) La física da por supuesto la exigencia de un principio  de continuidad-localidad que excluye la acción a distancia y otorga inteligibilidad a los fenómenos, mostrando que obedecen al mismo. Tal cosa ocurre con todos y cada uno de los principios ontológicos. La filosofía no puede ser meramente experimental porque entre su vocación está el escarbar en los cimientos que sustentan toda experimentación posible. Estos cimientos son los principios ontológicos asumidos por el físico y van incluso más allá  incluyendo  también los relativos a la matemática, como por ejemplo el principio de no contradicción, axioma fundamental de esta disciplina, pero del cual el matemático jamás se ocupa explícitamente (salvo para denunciar que algo lo contradice), dejando tal tarea para el filósofo
2) La física entra en crisis cuando el principio de contigüidad- localidad  (o cualquier otro de los principios ontológicos) parece fallar. En el caso de la gravitación newtoniana se trataba sólo de un fallo aparente (que la teoría del campo gravitatorio o las ondas gravitatorias de Einstein vendrá a superar). Es decir, el problema es resuelto por la propia física.
3. En ocasiones se dan fenómenos (así el comportamiento de los fotones en el experimento de Aspect) en los que indiscutiblemente queda en entredicho que la localidad sea un principio ontológico universal, es decir algo a lo que la naturaleza necesariamente obedece. Es entonces cuando el físico se ve conducido a hacer inmersión en sus cimientos, forzado a pensar la localidad (como Aristóteles pensaba el "principio más firme", es decir el principio de contradicción que el matemático asumía sin reflexión); es entonces cuando el físico se hace metafísico. 
Por el hecho mismo  de intentar explicitar los principios rectores del orden natural,  de intentar  ponerlos sobre la mesa, la disposición del físico ha cambiado, ha tomado una distancia sobre su propio quehacer, ha traspasado hacia la filosofía: aun escrupulosamente  respetuoso  de la física, y  estudioso de esta disciplina, no se contenta ya con la tarea de la física.
Pues la mera la descripción,  archivo y racional intelección de los fenómenos físicos de no exige en absoluto abordar la cuestión de las evidencias y principios fundamentales que posibilitan todo lo anterior. Basta con someterse a los mismos y repudiar toda conjetura que los contradiga.
Víctor Gómez Pin, Física experimental, física que da razón, meta-física, El Boomeran(g) 29/03/2016