dijous, 17 de març de 2016

Markus Gabriel: "L'àmbit social no està governat per les lleis naturals, sinó per normes".

“Nos autoengañamos para evitar la responsabilidad de saber quiénes somos”
Markus Gabriel
Hay que estar muy seguro de uno mismo para afirmar sin ningún atisbo de duda que Star Trek es una ideología. O más aún, que lo que hay detrás de Sillicon Valley es “una mafia” que lo que pretende “es vender productos bajo la promesa de que éstos serán la salvación del ser humano”. Pero el filósofo Markus Gabriel, una figura emergente de la filosofía alemana, es capaz de argumentar postulados como estos e incluso algunos de mucha más entidad. No tuvo ningún problema en afirmar en su libro más célebre, todo un fenómeno literario, que “el mundo no existe”, y lo más curioso del caso es que cuando uno escucha cómo este joven talento de 35 años defiende semejante tesis, ésta acaba sonando ciertamente plausible.

Con un aplomo impropio de su juventud y una inteligencia que lo ha llevado a dirigir en la actualidad el Centro Internacional de Filosofía y ocupar la cátedra de Epistemología, Filosofía moderna y contemporánea de la Universidad de Bonn, Gabriel defendía esta semana, en una conferencia realizada en el Palau Macaya de l’Obra Social “la Caixa”, que las humanidades, y en especial la filosofía, son la única arma para combatir las ideologías. “Vivimos inmersos en una época dominada por el neurocentrismo”, razonaba, y sólo a través de “pensar en cómo pensamos”, tarea que precisamente fomenta las humanidades, podremos tener las herramientas necesarias para ser realmente libres. “La libertad es una forma de poder”, esgrimía.

(Pacific Press - Getty)
En un español germanizado -habla hasta nueve idiomas, incluido el chino- este catedrático fue desgranando paso por paso toda su línea de pensamiento, que él mismo ha resuelto en llamar Nuevo Realismo. Y lo primero que hizo fue defender por qué piensa que el mundo, tal y como lo concebimos, no existe. Y es que Gabriel refuta la idea de una súper-entidad, referida al concepto mundo, en dónde todo esté incluido.

Para explicar este planteamiento utilizó la metáfora de “Google Universo”. Si esta herramienta existiera, argumentó, podríamos ir alejándonos virtualmente del mapa de Barcelona hasta ver la Tierra. Luego iríamos más allá y veríamos la Vía Láctea, y posteriormente, siguiendo con el zoom, observaríamos el cúmulo de galaxias donde ésta queda ubicada. Y así hasta vislumbrar el Universo entero. “Pero, para ver el Universo en su totalidad, deberíamos estar situados en un punto ubicado fuera de él”, señalaba. Es lo que el filósofo norteamericano Thomas Nagel definió con la expresión de “la visión de ningún lugar”. “Debemos imaginar una posición desde la que observar algo”, remataba Gabriel, de lo que se deriva que el mundo no lo puede englobar todo si lo tenemos que observar desde su exterior. En su defecto, este filósofo apuesta por un escenario de “realidades infinitas”.

“Una de las razones por las que la humanidad creó la idea de un Dios insondable fue por la necesidad de compensar una visión que lo abarque absolutamente todo”, apuntaba este catedrático de la Universidad de Bonn.

A ojos de este filósofo, somos capaces de llegar a la conclusión de que el mundo tal como lo concebimos no existe “porque el hombre es un animal pensante”, aspecto que nos diferencia de las otras especies. Y es a través de esta afirmación que Gabriel pretende combatir los postulados del neurocentrismo, “una ideología muy potente en cuanto a su representación científica”. Para él, esta corriente “presenta el orden social como si fuera algo natural”, algo que ya detectó Karl Marx en el siglo XIX respecto al Darwinismo, “que adoptaba como referencia el mundo animal para explicar la estructura social en el Reino Unido”.

(Pacific Press - Getty)
“Sobrevaloramos en exceso las ciencias naturales”, aseveraba Gabriel, y lo hacemos a través de una “doble ignorancia”: el engaño (error) y el autoengaño. “El primero no afecta a la naturaleza porque ésta sobrevive intacta a nuestro error, no sufre modificación alguna”, una idea que este catedrático alemán expresaba a modo de ejemplo apuntando que “el agua es lo que es sin tener en cuenta lo que nosotros pensemos de ella”. En cambio, el autoengaño para Gabriel es distinto: “Pasamos a ser diferentes y adoptamos nuestro comportamiento en consecuencia”. Y es a partir de este hecho que este pensador defiende que “las ideologías son posibles porque el ser humano tiene la capacidad de autoengañarse”. “Nos autoengañamos para evitar la responsabilidad que se deriva de entender quiénes somos en realidad”, argumentaba.

El catedrático de Filosofía de la Universitat de Barcelona, Manuel Cruz, defiende este punto de vista de la incoherencia de presentar al ser humano bajo el prisma de la naturaleza, tal y como postula Gabriel, pero quizás desde una perspectiva distinta. “La especie humana no queda adecuadamente descrita si se nos homologa a la naturaleza”, explica a La Vanguardia. “Precisamente lo que describe al ser humano es su capacidad de alterar el proceso natural de las cosas. Podemos incluso echar al traste el clima del planeta”, matiza.

Respecto a la idea de autoengaño, Cruz esgrime que el debate filosófico presenta una disyuntiva al respecto: “O bien somos conscientes y libres, o bien perdemos la razón y nos convertimos en unos fanáticos que no sabemos lo que hacemos. La tradición occidental mantiene una especie de optimismo un poco injustificado según el cual si somos conscientes de lo que hacemos entonces no hay engaño. En Kant, el engaño era la ignorancia, la superstición…”, apunta. “Pero el concepto de autoengaño plantea que no solamente nos engañan desde fuera, privándonos de la racionalidad, sino que nosotros, como seres racionales y libres, podemos optar por el engaño, cosa que es bastante paradójico a la vez que interesante”, agrega.

El antídoto a todo ello son las humanidades, “que el neurocentrismo intenta eliminar de la esfera pública”, lamentaba Gabriel en su conferencia, enmarcada dentro de los actos de la Escola Europea d’Humanitats. Como defendía Hegel, “la filosofía es la captación del propio tiempo en el pensamiento”, y es en este sentido que Gabriel apuesta por las humanidades, que para él son las responsables de “crear las herramientas necesarias que puedan poner de relieve las contradicciones de las creencias ideológicas”. Cabe remarcar la apuesta que hace este filósofo por las humanidades cuando éstas están perdiendo presencia cada día dentro del ámbito académico.

“La mente no puede ser reducida ni a lo físico ni a lo biológico”, postulaba Gabriel en su charla. “El ámbito social no está gobernado por las leyes naturales, sino por normas. Nuestra naturaleza es no tener una naturaleza”, añadía. Según su visión, incluso el fundamento metafísico del filósofo germano Immanuel Kant “es erróneo”. “Él quiso integrar todos los fenómenos dentro del orden natural, pero no supo cómo cuadrarlo”. Para Gabriel, una vez que ves que la realidad no es idéntica a la naturaleza hay espacio para hechos sociales, que él llama “campos de sentido”, tales como la ética, la política o el derecho.

Sólo el tiempo dirá si los postulados de Gabriel acaban o no haciendo fortuna. Lo que sí han conseguido es levantar alguna ampolla que otra, aspecto que no parece importarle en demasía. Incluso se ríe de los que aseguran que su filosofía es para tontos, afirmación a la que él responde con la aseveración de que “muchas cosas que se publican en filosofía son intentos para no mostrar que los autores no tienen nada que decir”.

Josep Fita, Markus Gabriel: "Nos autoengañamos para evitar la responsabilidad de saber quiénes somos", La Vanguardia 16/03/2016