Foucault viu.

Retrato del filósofo francés Michel Foucault. Thierry Ehrmann vía Flickr
Michel Foucault
Si viviera, Michel Foucault (Poitiers, 15 de octubre de 1926-París, 25 de junio de 1984), diría que el poder no es una cosa que se tenga. Es algo que se manifiesta en las relaciones. No hay unos que sean los dominadores y otros que sean los dominados. Las posiciones cambian: en un caso uno tiene poder sobre el otro; en otra relación, en otra ocasión o asunto es al revés. Tampoco hay, entonces, un centro desde el que se ejerza el poder. El poder no es como un haz de luz que irradia del centro hacia fuera, sino que se parece más bien a una red.

Pero que no haya un afuera al poder no quiere decir que estemos siempre dominados. Donde hay poder hay resistencia. Y esta resistencia, igual que el poder, donde mejor se observa porque ahí se ejerce es en la capilaridad, no en el centro. A la microfísica del poder se contraponen las microrresistencias. Pero como los hologramas donde una vez se ve un dibujo y luego otro, las posiciones son múltiples y cambiantes. Así, el que resistía se convierte en el que puede; el dominador se troca en dominado.

Si viviera Foucault, diría que el poder no siempre es negativo. El poder no es lo que dice no. El poder es productivo. Crea conocimiento y, sobre todo, crea discursos de verdad, discursos que son los que, a su vez, lo sostienen. La creación de discursos de verdad es la conquista fundamental para poder o para resistir.

Si viviera Foucault, diría lo que no se puede olvidar: la primera resistencia está en mí. La relación de sí consigo, la ética del yo, es el primer paso en el cambio político. A esto sigue o esto consigue cambiar el discurso que nos sostiene y sobre el que cimentaremos la nueva polis. Crearme como un cierto tipo de sujeto es la primera y fundamental forma de resistencia. Deshacerme de las identidades que me impone el discurso totalizante y construir otra que la resista, porque se asiente en otro discurso liberador.

Si viviera Foucault, diría que la subjetivación ética es la resistencia que tenemos que hacer. Me construiré como sujeto ético mediante ciertas prácticas de libertad. La primera, el deshacerme de una identidad que me viene impuesta desde este paradigma dominante (y esto no lo dice ya Foucault, lo digo yo), tejido a base de materialismo, antropocentrismo, devoción al crecimiento económico y la tecnología, como camino absoluto hacia la felicidad y solución de todos los males.

Segundo, empleando las tecnologías del yo, el repertorio mediante el cual podré crearme como otro sujeto, “por cuenta propia o con la ayuda de otros” de manera que al final pueda “alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría, inmortalidad”, dice Foucault en Tecnologías del yo.

Si viviera Foucault diría que los que están en el frente del camino político deben preocuparse especialmente del cuidado de sí. Este modo ético particular de relacionarse con sí es el que Sócrates exigía a los ciudadanos que participaban en la gestión de la polis. Y que es radicalmente actual porque el cuidado de sí tiene que ver no solo con el saber. En el concepto de épiméleia o cura sui, de ocuparse de uno mismo, la idea central es cómo transformarse a sí para llegar a la verdad. Porque en este proceso el sujeto alcanzará la sabiduría. Y cuando la alcance, podrá gobernar. Así hará una contribución a la Ciudad.

Si viviera Foucault diría, pero mucho mejor que lo estoy diciendo yo, que crear el otro mundo posible que buscamos, pasa no por la conquista de los espacios, sino por la reconquista de ti. De mí. Pasa por cambiarnos a nosotros, sabiendo que esta transformación nos llevará a la grandeza moral que deben tener los ciudadanos responsables en esta nueva Antigüedad que estamos fabricando.

Carmen Valor, Si viviera Foucault, el diario.es, 17/04/2015

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