La recerca científica de la felicitat.



La búsqueda de la felicidad es, desde siempre, unas de las obsesiones principales del ser humano. A pesar de ello, cuando se le pregunta alguien qué es la felicidad las respuestas son tan dispares como personas a las que se les pregunte. Quizá esto se deba a que tradicionalmente es considerada un sentimiento, una emoción, en definitiva, algo que no se puede medir fácilmente.

Pero como no podía ser de otra forma, la ciencia también trata de averiguar más sobre la felicidad. Y es así como en los últimos años han aparecido multitud de estudios realizados a lo largo y ancho del planeta en los que nos desvelan algunos detalles.

Por ejemplo, un artículo recogido en la revista Laterality señala que cuando miramos a otra persona nos bastan 100 milisegundos (0,1 segundos) para que nuestro cerebro sea capaz de tener una primera impresión de los aspectos sociales más sobresalientes de una persona y analizando las bases del procesamiento de expresiones emocionales, un grupo internacional de científicos estudió el patrón de asimetría cerebral de la percepción de gestos faciales positivos y negativos.

Una de las conclusiones más destacadas a las que llegaron es que las expresiones positivas o de acercamiento se perciben de forma más rápida y precisa que las negativas y de retraimiento. O lo que es lo mismo, la alegría y la sorpresa se procesan antes que la tristeza y el miedo.

Por otro lado, hay quienes se han esforzado en desarrollar un método para identificar el estado afectivo de las personas en sólo 45 minutos. Se le conoce como ‘Day Reconstruction Method’ y detrás de él está el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman. Incluso, hace unos años, investigadores españoles diseñaron y validaron una versión abreviada de esta escala con la que se obtenían resultado en 15 minutos.

El nuevo instrumento, presentado en la revista PLoS ONE, permite al igual que el DRM cuantificar la cantidad de tiempo que las personas pasan sintiéndose bien y sintiéndose mal a lo largo de un día, así como identificar cuáles son las actividades que más disfrutan y cuáles las que les producen más emociones negativas.

¿Con qué finalidad se dedica tiempo y dinero a este tipo de cosas? Pues, más allá de la propia curiosidad humana, el test podría ser utilizado como un indicador del progreso de las sociedades y podría servir para comparar el bienestar en relación con otras variables, por ejemplo la salud, pudiendo así ofrecer indicaciones para el desarrollo de políticas públicas que mejoren el bienestar de las personas.

Y como ser social que somos, nuestra felicidad se traduce en la felicidad de quienes nos rodean e incluso un poco más allá. Tal y como demostró una investigación, la cual analizó la felicidad de casi 5.000 personas a lo largo de un periodo de 20 años, cuando una persona es feliz, el efecto de conexión en red puede medirse hasta el tercer grado, es decir, que la felicidad de una persona activa una reacción en cadena que beneficia no sólo a sus amigos, sino a los amigos de sus amigos, y a los amigos de los amigos de sus amigos.

Además esa no es la única buena noticia sino que también dejó claro que el efecto contrario no se produce: la tristeza no se difunde por las redes sociales con la misma robustez. Así que como se pueden imaginar, las personas populares (rodeadas de mucha gente) tienen más probabilidades de ser felices.

Evidentemente a nadie le extrañará que se incluya el lenguaje en este artículo, ya que se trata de una de las herramientas más potentes con las que contamos a la hora de relacionarnos con los demás. Es la forma que tenemos de expresar nuestros sentimientos, esos que tanto interesan a la ciencia.

Pues bien, un equipo de científicos localizó las 10.000 palabras más utilizadas en 10 idiomas diferentes en origen y cultura: español de México, francés, alemán, portugués de Brasil, coreano, chino, ruso, indonesio y árabe. A continuación, seleccionó a nativos para que puntuaran en una escala de 1 a 9 puntos cada una de las palabras en función del optimismo que reflejaran, dando menos puntuación a las palabras negativas –como desgracia, muerte o cáncer– y más a las positivas –como cumpleaños, vida o sorpresa–.

En todos los corpus de palabras analizados se encontró un sesgo hacia lo positivo, aunque las mayores tasas se identificaron en las páginas web en español, los Google Books en español y Twitter en español, lo que podría traducirse en el que el español es el idioma que denota mayor felicidad.

Aunque si hay un resultado que me gusta especialmente, es el que explica que reír es muy sano porque genera dopamina, la hormona de la felicidad y que los científicos recomiendan hacerlo al menos 15 minutos al día porque así, incluso, se consigue mejorar la calidad de vida.

Por cierto, el 46,9% de las horas que pasamos despiertos pensamos en algo distinto a la actividad que en ese momento se desarrolla y, por lo general, estas excursiones de la mente no resultan muy agradables para nuestro cerebro que entiende que no somos felices así que concentración y a reír más.

María José Moreno, Ciencia detrás de la felicidad, Cuaderno de Cultura Científica, 09/04/2014


Referencias

Torro-Alves, N.; Aznar-Casanova, J. A. y Fukusima, S.S. “Patterns of brain asymmetry in the perception of positive and negative facial expressions”. Laterality: Asymmetries of Body, Brain and Cognition, 14: 256 – 272, mayo de 2009

Miret M, Caballero FF, Mathur A, Naidoo N, Kowal P, Ayuso-Mateos JL, Chattterji S. (2012) ‘Validation of a Measure of Subjective Well-Being: An Abbreviated Version of the Day Reconstruction Method”. PLoS ONE 7(8):e43887. Doi:10.1371/journal.pone.004388

James H., Fowler y Nicholas A. Christakis. “Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study”.BMJ, 4 DIC 2008, publicación on line

Sheridan Dodds, P.,Clarck, E.M., Desu, S., Frank, M.R., Reagan, A.J., et al. (2015). “Human language reveals a university positivity bias”. PNAS, DOI: 10.1073/pnas.1411678112

M.A. Killingsworth; D. T. Gilbert. “A Wandering Mind Is an Unhappy Mind”.Science 330, 12 de noviembre de 2010

Sobre la autora: Maria José Moreno

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