Futbol i tragèdia.
Los otros grandes personajes trágicos del fútbol han tenido un final más
lento y encarnan al héroe que, privado del balón, del aliento de las gradas y de
la condición semidivina que caracteriza al jugador en activo, muere de pena y de
tedio. Ese fue el caso de Manuel Francisco dos Santos, Garrincha
(1933-1983), un mestizo con los pies girados, una pierna más larga que otra y la
columna vertebral torcida. Según el psicólogo de la selección brasileña,
Garrincha era “un débil mental incapaz de comprender el fútbol”. Ciertamente, el
mejor extremo derecho de todos los tiempos nunca llegó a captar los mecanismos
de puntuación en la liga ni entendió que tras una final no se disputara
encuentro de vuelta. Solo sabía jugar. Después de retirarse, Garrincha, fumador
y alcohólico desde los 10 años, se dejó morir. Duró hasta los 50.
Similares, aunque no tan desoladores, fueron los casos de George Best, el
mágico extremo norirlandés del Manchester United en los sesenta, fallecido en
2005 poco después de un trasplante de hígado, o de Paul Gascoigne, el futbolista
inglés más exquisito de los noventa, que sobrevive aún, a los 46 años, pese a
úlceras, trastornos cardiacos y hepáticos, problemas psicológicos, peleas y
algún intento de suicidio.
La de Adriano Leite Ribeiro (Río de Janeiro, 1982) es una historia distinta.
Adriano no esperó a retirarse para hundirse. Era la estrella del Inter de Milán,
un gigante capaz de hacer diabluras con el balón, cuando a los 25 años murió su
padre. Él debió morir también un poco, porque desde ese momento solo pensó en
volver a Brasil. No para jugar, sino para encerrarse en su favela natal con sus
amigos de infancia, convertidos en distribuidores de droga, y anestesiarse con
cerveza y cocaína. Es lo que viene haciendo últimamente, con algunas pausas en
las que ficha por un equipo y trata, sin éxito, de recuperar el fútbol.
¿Qué decir de René Houseman? El mejor extremo derecho del fútbol argentino llegó a jugar ebrio, con Huracán, un partido contra River Plate. Apareció tambaleándose por el vestuario poco antes de iniciarse el encuentro, pero aun así le alinearon. Él mismo contó, años más tarde, lo que ocurrió sobre el césped a cuatro minutos del final y con empate a cero: “Parece que fui a buscar una pelota, procedente de un pase de Russo. Avanzando de derecha a izquierda en diagonal eludí a uno, la tiré larga entre los dos defensores centrales y cuando desde el arco me salió Fillol en el mano a mano amagué, lo eludí y la crucé suavemente con la pierna derecha. Modestamente, un golazo. Dicen que me quedé tirado en el suelo, riéndome. Tras eso me hice el lesionado, pedí el cambio y me fui a dormir a mi casa. Comentan que la gente, ignorando mi estado, me despidió con el cántico tradicional: Y chupe, y chupe, y chupe, no deje de chupar, el Loco es lo más grande del fútbol nacional”.
Houseman vagabundea ahora por su barrio, flaco, pobre y simpático, en lucha
permanente contra el alcohol. (...)
A veces no es la presión del propio fútbol la que provoca tragedias, sino
presiones peores. Como las que sufrió Matthias Sindelar, el mejor jugador nacido
en Austria. Sindelar, apodado Mozart por su talento y de origen judío,
no aceptó la anexión de su país al Reich alemán en 1938 ni soportó el régimen
nazi. El 3 de abril de ese año se disputó un amistoso entre las selecciones de
Alemania y Austria antes de que ambas se fundieran en una sola, y Sindelar, que
se negó a saludar brazo en alto, humilló a sus adversarios: primero, rematando
intencionadamente fuera los balones que le llegaban; luego, driblando una y otra
vez y llevando a su equipo a la victoria. No se lo perdonaron. Tuvo que
abandonar el fútbol y fue sometido a continuas investigaciones policiales. Un
año después, su cadáver y el de su novia fueron encontrados en la casa vienesa
que compartían. Oficialmente, murió por un escape de gas. Pero siempre se ha
especulado con un suicidio, o incluso con la hipótesis de un asesinato cometido
por la Gestapo.
Enric González, Héroes trágicos, Babelia. El País, 02/06/2012
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/30/actualidad/1338391043_105602.html
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