dissabte, 7 de maig de 2016

La intel.ligència emocional contra Donald Trump.


Si me preguntaran qué parte del cerebro usa más el aspirante a candidato republicano Donald Trump, respondería que es un yonqui de la amígdala sin lugar a dudas. ¿Por qué? En esta estructura cerebral se procesan en parte las emociones más primitivas, como el miedo, el asco y la ira. Es la zona más antigua de nuestro cerebro y se activa inconscientemente, sin que muchas veces podamos a ejercer control sobre ella.

También las emociones negativas nos ayudan a sobrevivir y deben permanecer en nuestro cableado. Pero lo funcional es que se activen cuando los peligros son reales y no puras fantasías. El aspirante Alfa Trump las activa conscientemente para manipular a los norteamericanos a través de narrativas irracionales. Sus mensajes advierten del peligro que acecha, dibujando un escenario apocalíptico de holocausto nuclear, lo que la vieja amígdala interpreta como si el león estuviera ya a pocos metros. Dispuesto a saltar para zamparse a todos los "gringos". Simple pero efectivo para movilizar a nuestro primate interior más irracional y vengativo. 

Otra de las estrategias de Trump consiste en alimentar el miedo a lo desconocido y diferente. Una tendencia de nuestra especie y otras cercanas. La ignorancia y el no saber provocan ansiedad y temores en la gente de los que Alfa Trump saca buen partido. Aprovechando los sentimientos de confusión, se toman decisiones que en momentos de estabilidad jamás sucederían, como por ejemplo elegir un líder agresivo cuya máxima aspiración es expulsar a todos los ilegales y construir muros en la frontera sur. También crear un registro de los musulmanes que ya residen en Estados Unidos y no permitir la entrada a ninguno nuevo. Eso sí, esta última medida sólo hasta que "los representantes del país puedan descubrir qué demonios está pasando", ha prometido Alfa Trump.

Las comunidades de chimpancés no pueden levantar barreras físicas ni poseen el concepto de legal o ilegal. Pero en tiempos de incertidumbre, sí se comportan como alfa Trump y sus seguidores. Permiten que ascienda un líder agresivo y el conflicto está garantizado por varios años. Es un hecho que alfa Trump está a favor de la violencia física y el mantenimiento de lugares como Guantánamo. Él mismo ha confesado que "la tortura funciona". 

Durante el tiempo que se mantenga viva la táctica del enemigo exterior, la comunidad se mantiene unida. Pero una vez agotada, la agresividad de los miembros que pertenecen a lo más alto de la jerarquía se contagia y filtra hacia los estratos que están por debajo. Algo que ya demostró con personas el psicólogo social Roger Lewin en su famoso experimento sobre estilos de liderazgo. Los niños liderados por profesores autocráticos eran más agresivos entre sí. Una vez más, la amígdala al descubierto. Un juego peligroso para un país que posee una de las mayores tasas de armas por habitante, en casa. 

Muchas tribus y estados en el pasado llegaron a este tipo de situaciones límite. El resultado final suele ser idéntico a largo plazo: la destitución radical del líder o el colapso de la sociedad en el peor de los casos. La amígdala nos ha salvado de muchos depredadores, pero de no ser por otras estructuras que controlan sus impulsos, como hace el neocórtex, estamos perdidos porque se convierte en nuestro peor enemigo. Probablemente esa fue la razón por la que la evolución premió el desarrollo de esta estructura relativamente tan reciente en nuestra evolución.

Muchos impulsos y emociones, algunos de los cuales son contradictorios e irracionales conviven en nuestro interior. Gracias al pensamiento consciente y el autocontrol, podemos modificarlos. El neurobiólogo Robert Sapolsky, tras haber estudiado la ansiedad y el estrés en babuinos y humanos, lo tiene bien claro. Las cebras no tiene úlcera porque, a diferencia de los humanos como alfa Trump, no piensan que el león les va a comer hasta que no lo ven realmente cerca. 

Como dijo Charles Darwin, "el día que dejamos de buscar monstruos debajo de nuestra cama, fue porque nos dimos cuenta de que están en nuestro interior". Esperemos que Alfa Trump se de cuenta también. 

Pablo Herreros, Las emociones primitivas del 'macho alfa' Trump, Yo, mono 06/05/2016