Un món governat per gàngsters.
Muchas decisiones políticas de Trump no se entienden bien, hay giros de guión sorprendentes como mantener el chavismo en el poder, ¿es por la arbitrariedad caprichosa del personaje o porque piensa con otra lógica? Por ejemplo, la lógica de un gangster…
En los años cuarenta, Max Horkheimer esboza en algunos textos su “teoría de los rackets” (la palabra no tiene traducción fácil: camarilla, banda, tinglado). Viene de Alemania con una intuición de Brecht (que pinta a los dirigentes nazis como líderes mafiosos), pero la desarrolla en Estados Unidos en diálogo con su amigo Adorno: el liberalismo se está transformando en guerra de rackets, es la autoabolición de la burguesía, su devenir mafioso.
El mundo es cada vez más duro y hay que endurecerse para sobrevivir. El negocio de los rackets es la extorsión: protección a cambio de dinero. Hay rackets en el trabajo, en la política, en el barrio... La corrupción es estructural. No tener protección en un mundo despiadado equivale a morir.
Los rackets están en condiciones de imponer sus intereses de modo directo: es el fin de las instancias mediadoras y universales del derecho, el contrato, el mercado libre (que se mantendrán en todo caso como fachada o instrumentalizadas). Las poblaciones se gestionan como clientelas.
Lo que hay son negocios privados, reglas particulares, lealtades personales, represalias y amenazas, protecciones selectivas, en un mundo repartido en parcelas, con los rackets compitiendo entre sí en un estado de excepción permanente. (El antisemitismo, dice Horkheimer, permitió en determinado momento la unidad de las bandas)
La guerra y la posguerra llevan luego a Horkheimer por otros derroteros, pero ¿no resuena hoy su intuición? No importa la ideología: cuídame este negocio de petroleo y te daré amparo frente a las otras bandas.
No importa el relato: no se trata de persuadir o de seducir, sino de que sientas la fuerza detrás de mis palabras y tu miedo ("sin mí, estás indefenso").
No importa lo que diga el Congreso o el Senado, el dominio es directo e inmediato (la justificación viene después, si viene).
“El racket no siente piedad por la vida fuera de él; sólo conoce la ley de autoconservación”. ¿Y quién no está hoy enamorado de los gangsters, si llevamos tantos años viendo series de narcos?
Amador Fernández-Savater, ¿El imperio de los rackets?, muro Facebook 05/01/2026
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