La IA mai no podrà entendre la paraula "esperança".
El diseño de inteligencia artificial en Estados Unidos busca la maximización del poder económico que acompaña al desarrollo de la inteligencia artificial. La fórmula china apuesta por una maximización del poder político que acompaña el desarrollo de la inteligencia artificial. En el primer caso los protagonistas del poder son las grandes corporaciones tecnológicas y en el segundo caso el protagonista del poder es el Estado, que se está convirtiendo en un Estado plataforma. Por tanto, el diseño responde a esa lógica: cómo acompañar ese proceso. Además, en el caso estadounidense –y probablemente en el chino también, desde otra perspectiva– hay una filosofía que es el transhumanismo, pensar simplemente que vamos hacia un modelo de élites jerarquizadas donde van a convivir unos pocos hombres, seres humanos, con máquinas, el resto de la humanidad es prescindible.
Ya hemos visto hacia dónde está evolucionando la inteligencia artificial y la posibilidad de construir, a través de ella, una alteridad artificial frente a la alteridad humana. En términos de poder –de potestas– esa inteligencia artificial será superior, probablemente, al ser humano. Pero eso no significa que sea superior cualitativa y creativamente al ser humano. ¿Por qué? Porque, a lo mejor, estamos trabajando en desarrollar una alteridad que esté limitada por naturaleza, porque no es capaz de entender el sentido de la trascendencia. Es decir, el ser humano ha desarrollado todas sus habilidades –entre otras incluso la científica, que ha llevado a la técnica y la técnica que ha llevado a desarrollar una herramienta tecnológica como es la inteligencia artificial– bajo la idea de que necesita suplir los déficits de necesidad que le genera la condición humana. Esos déficits forman la esencia de la condición humana y es lo que le lleva al ser humano a querer trascender su fragilidad y su limitación innata, entre otras, por su corporeidad y, vinculada a ella, su vida expuesta a la muerte, a la enfermedad, incluso a una inteligencia que no es igual en todos. Eso es lo que le lleva a proyectarse siempre hacia el futuro.
La filosofía nace de la aporía, es decir, de encontrar que no hay una salida al problema. Y para salir del problema se inventa uno la salida. El desarrollo del modelo de las inteligencias artificiales se basa en replicar el conocimiento humano registrado. Pero ese conocimiento humano registrado marca una tradición en la que está trabajando permanentemente la inteligencia artificial: nos ayuda a ser excelentemente mediocres. Pero es que la condición humana no trabaja para la memoria; utiliza la memoria para trabajar sobre la condición humana, la potencialidad creativa que nos hace “futurizos” –como diría Ortega– y es ahí donde entonces surge una palabra que la inteligencia artificial no puede entender. Y en el diseño que tiene no entenderá probablemente nunca, debido a su alteridad artificial y al ADN sintético que acompaña, una inteligencia que no es vida en el sentido consciente, orgánico y limitado de la misma, que es, básicamente, la esperanza.
Ni la democracia autoritaria ni el populismo son el verdadero riesgo. El verdadero riesgo es un autoritarismo digital en manos de corporaciones tecnológicas o de un Estado plataforma que consagre una nueva ideología totalitaria: el transhumanismo, que es la negación de la condición humana, porque lo que busca es, precisamente, erradicar la capacidad de crear esperanza en el ser humano. Ahí es donde está la esencia de un nuevo totalitarismo.
Germán Martínez Martínez, entrevista a José María Lassalle: "El transhumanismo es la nueva ideología totalitaria", Letras Libres 20/01/2026
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