La coherència de la geopolítica de Trump.
Trump no es un intelectual ni tampoco un hombre de principios, pero, a pesar de su impulsividad y su aparente caos, dibuja una política coherente que quiere instaurar una democracia autoritaria para competir con China de igual a igual y ganar a su enemigo cuando elija dónde dar la batalla militar. Su educación emocional es inmobiliaria y especulativa. Por tanto, entiende la geopolítica básica a través del mercado inmobiliario de una de las ciudades del planeta donde más cuesta el metro cuadrado. Eso le hace entender la piel de la geopolítica como una competencia de poder que necesita espacio vital. No creo que haya leído a Karl Haushofer, el autor que inspiró a Hitler en sus tesis sobre el Lebensraum o espacio vital. Tampoco sabrá que el pensador alemán fue quien puso en circulación la idea de que la supervivencia de un Estado depende de tener espacio suficiente para atender sus necesidades. Pero seguro que sí lo han leído con atención dos de las personas más influyentes de su círculo de confianza, Peter Thiel y Alexander C. Karp. Sobre todo, porque en ellos descansa la gestión de los sistemas de inteligencia artificial que han coordinado las acciones contra el narcotráfico, los bombardeos en Irán y Nigeria, o la reciente operación de comandos en Venezuela que capturó a Maduro y que están haciendo posible que Trump ensanche el poder norteamericano sobre la superficie del planeta sin ataúdes y con el formato de un sofisticado videojuego geopolítico.
José María Lassalle, El 'Lebensraum' de Trump, La Vanguardia 10/01/2026

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