Quan l'ONU és substituïda per una colla d'empresaris.




Hegel saludó la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano diciendo que era "la obra de la filosofía". Ahora se habla de ello como de una "ideología woke" superada por la historia, en un mundo en el que, como dijo Peter Thiel, "la democracia ya no es compatible con la libertad". En Davos se han sentado las bases para sustituir la ONU por una institución "más ágil y eficaz". Así lo dice el borrador de la Carta del Consejo de la Paz que se filtró hace una semana. Es un nuevo asesinato de Sócrates, el fin de las aspiraciones de la filosofía.   

En el Preámbulo de la Carta del Consejo de la Paz, se comienza declarando que el juicio pragmático impone apartarse de "enfoques" e "instituciones" fracasadas y deja en manos de las personas "empoderadas" la responsabilidad del futuro. Ya no se trata de "ciudadanos", sino de clientes, consumidores y emprendedores. Y no se trata de una institución internacional, sino de un club del que formas parte si se te invita el Presidente. Es también una especie de fondo de inversión. Se pertenece al club durante tres años, a no ser que se paguen "mil millones de dólares en efectivo (sic)". Y hay derecho de admisión: el Presidente puede expulsarte en cualquier momento a no ser que se opongan dos tercios de los Estados miembros, a los que a su vez ha invitado el Presidente.

La ineficacia de la ONU es sustituida por la agilidad y la eficacia de la gobernanza empresarial. Todo depende de un Consejo Ejecutivo, nombrado por el Presidente y cuyas decisiones dependen de la aprobación del Presidente. Y, por supuesto, aunque se trata de un remedo de Constitución, el Presidente tiene nombre y apellidos, como ocurre en las monarquías: Donald J. Trump, que podrá seguir siendo Presidente incluso si deja de serlo en los EEUU. "El Presidente tendrá autoridad exclusiva para crear, modificar o disolver entidades subsidiarias según sea necesario". Y el Presidente designará a su sucesor. Trump quería ser rey y lo ha conseguido: el orden internacional será lo que Kant en La Paz perpetua considera el mayor peligro para la humanidad: una monarquía universal.

El Consejo Ejecutivo "será seleccionado por el Presidente y estará compuesto por líderes de talla mundial". Por ejemplo, el yerno de Trump, Jared Kushner, ha presentado unas escalofriantes diapositivas sobre la reconstrucción de Gaza, de la que se encargarán las "entidades subsidiarias" nombradas en la Carta. Estas entidades, se dice, tendrán personalidad "jurídica" internacional. Una cosa sorprendente, porque serán empresas: "tendrán la capacidad jurídica necesaria para firmar contratos, adquirir y enajenar bienes muebles e inmuebles, iniciar procedimientos judiciales, abrir cuentas bancarias, recibir y desembolsar fondos públicos y privados y emplear personal". Y como hemos visto, el Presidente será el CEO encargado de todo este tinglado económico.

A todo esto es a lo que el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha llamado "el fin de un mundo basado en normas". En su magnífico discurso fue muy franco: es una ruptura, como dijo Tucídides, "los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben". Carney hizo un encendido llamamiento a la unión de las potencias intermedias para que logren acumular la fuerza suficiente para que para ellas al menos siga habido leyes. Por supuesto, nadie es ingenuo: siempre fue así, los fuertes jamás se sintieron obligados por ningún imperio de la Ley. Era una ficción, pero gracias a esa ficción tuvimos algo que avanzaba hacia la civilización, en el sentido, precisamente, que decía Ferrajoli. Ahora vamos en dirección contraria.

En Davos se han reunido una pandilla de empresarios que quieren sustituir a la ONU. Como ha dicho Gorka Larrabeiti resumiendo sus impresiones: ¡constructores de todos los países, uníos! Se acabaron las normas. Lo que tenemos por delante es un negocio bárbaro. La "doctrina del shock" de la que habló Naomi Klein se ha completado. Ya no hay más que ejércitos  que destruyen y constructores elegidos por el Presidente entre una élite selecta que ganan dinero reconstruyendo. Ejércitos y mercados. Esto es lo que viene a sustituir a la ONU: una gran corporación económica.

El derecho internacional era una ficción. También, si se quiere, el nacional. Pero gracias a esa ficción de civilización todavía tenemos cosas tales como la escuela o la sanidad pública, o el derecho laboral. En los tiempos que se avecinan comprobaremos el saldo de haber renunciado a esa ficción internacional de un mundo basado en normas. Comprobaremos lo que es eso que Nick Land ha llamado la "Ilustración oscura".

Carlos Fernández Liria, Pax trumpiana, publico.es 26/01/2026


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