Per què ha fracassat el liberalisme? (Ian Buruma)



Locke/Nussbaum




Después de la Segunda Guerra Mundial –en realidad, incluso antes– la mayoría de las democracias liberales tenían partidos conservadores clásicos y partidos de centro-izquierda que debatían entre sí, a menudo ferozmente, pero que en última instancia encontraban compromisos que permitían que los países funcionaran. Lo que salió mal, especialmente tras el fin de la Guerra Fría, es que los partidos dejaron de representar los intereses de la clase trabajadora –intereses que buscaban moderar la dureza de la economía de mercado–. Los partidos se alejaron de las preocupaciones de clase hacia cuestiones culturales y sociales relacionadas con sexo, género, raza, etc.

Al mismo tiempo, los conservadores clásicos abrazaron el neoliberalismo. Desde los años noventa los viejos partidos socialdemócratas y los partidos conservadores clásicos alcanzaron un consenso: todos llegaron a creer en el neoliberalismo. Hablemos de Tony Blair o de Bill Clinton –ambos admiradores de Margaret Thatcher–, los dos adoptaron versiones de su agenda. En muchos países europeos, estos partidos se convirtieron en parte del mismo consenso gobernante, y amplios sectores de la población sintieron que sus intereses ya no estaban representados.

La gente de derechas, que temía la inmigración o se preocupaba por la identidad nacional y el orgullo nacional, también estaba insatisfecha. Esto produjo resentimiento hacia lo que llegó a verse como gobiernos de coalición de partidos neoliberales –de derecha y de izquierda por igual– que cuidaban de los intereses de las élites. Este análisis quizá sea injusto, pero así es como se ha percibido. Y esa percepción dejó el campo abierto a demagogos que podían prometer un renovado orgullo nacional, la defensa de “nuestra gente”, detener a los extranjeros que “contaminan nuestra sangre”, proteger a la clase trabajadora honesta…

Ian Buruma, Intervenció taula rodona El malestar en las sociedades liberales, Letras Libres 01/01/2026

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