No sabem el que està passant al nostre voltant (Santiago Alba Rico)
Un "mundo desconocido" puede ser un mundo en el que, aunque sigamos desayunando café con leche y los árboles sigan siendo más lentos que las nubes, no sabemos lo que está pasando realmente a nuestro alrededor.
En realidad no sabemos qué ha pasado, qué está pasando, salvo que la confluencia de todos estos factores, políticos y económicos, ha desprendido una cualidad inconmensurable, trasladada al pensamiento y a la conducta, que ninguna medida concreta puede ya desactivar.
No sólo vivimos ya en un mundo desconocido. Estamos pensando y obrando dentro de un mundo desconocido.
Un "mundo desconocido" es un mundo en el que no sabemos lo que está pasando realmente y en el que, por tanto, tampoco sabemos qué va a pasar. Leo estos días un libro magnífico del historiador Peter Brown, especialista en la antigüedad tardía, en el que cuenta con detalle un proceso semejante: el modo en el que, en el marco del Bajo Imperio, la civilización de Roma se volvió poco a poco un "mundo desconocido" en el que los cristianos pasaron de las catacumbas al palacio imperial, los obispos sustituyeron en la corte a los filósofos y la paideia greco-romana fue reemplazada por los sermones de Ambrosio y de Agustín mientras los bárbaros, que llevaban décadas lamiendo las fronteras del imperio, asaltaban y destruían Roma y Cartago. Que no sepamos qué va a pasar quiere decir -es verdad- que podría pasar cualquier cosa, buena o mala, salvo porque el miedo al futuro, fruto de las transformaciones mencionadas, suele precisamente atraer a los bárbaros, de los que se espera, junto a la violencia, una salvación fulminante y una renovación auroral.
Porque, en último término, un "mundo desconocido" es, sobre todo, un mundo en el que ya no conocemos a los demás. (...) Un "mundo desconocido" es, en efecto, un mundo en el que, de pronto, no sabemos ya lo que podemos esperar ni de los otros ni de nosotros mismos. Pero -ay- en los mundos en los que ya no conocemos a nadie puede ocurrir, sí, cualquier cosa.
¿Los mundos conocidos son necesariamente buenos? No. No lo eran el Imperio de Nerón o el de Diocleciano, que "tranquilizaban" la vida de millones de súbditos, del Danubio al norte de África. Pondré un ejemplo actual. Un mundo conocido era ese de 1973 en el que para pasar de Salvador Allende a Pinochet era necesario un golpe de Estado promocionado por los EEUU. A Pinochet lo comprendíamos todos, para combatirlo o para apoyarlo, en el molde cognitivo de la Guerra Fría. Un mundo desconocido (en el que no sabemos qué esperar ni de nosotros ni de los demás) es un mundo en el que se transita, en cambio, del socialista Boric al fascista Kast en tan solo cinco años sin necesidad de ninguna violencia militar. En el mundo conocido había golpes, desaparecidos, guerras, todo ello dentro de un orden familiar; y había organizaciones civiles, sindicatos, movimientos de resistencia armada, todo también dentro de un modelo inteligible. En el nuevo mundo desconocido, a Kast, a Milei, a Trump, a Bukele no lo comprenden ni sus propios votantes. Esto quiere decir que, si se celebrasen nuevas elecciones, todos ellos podrían salir derrotados. Pero quiere decir también que -pues en estas condiciones puede ocurrir cualquier cosa- es muy posible que no las haya de nuevo o que adopten la forma de plebiscitos mafiosos de urgencia apocalíptica.
¿Qué se puede hacer entonces en un mundo desconocido? Intentar conocerlo. ¿Qué se puede hacer en un mundo desconocido en el que no conocemos ya a casi nadie? Intentar hacer amigos. (...) La única tentación que debemos evitar es la del derrotismo. Así que propongo contra mí mismo esta fórmula como propósito para el año nuevo: no quedarnos a solas ni siquiera para pensar.
Santiago Alba Rico, Un mundo desconocido, publico.es 29/12/2025

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