Com si fossim un cub de Rubik.
Hay algo bueno en todo esto: por la vía de los hechos se ha desmontado una buena parte de las instituciones multinacionales reguladoras: la parte social de la ONU está en cuadros (Consejo Económico y Social (ECOSOC), UNICEF (infancia), PMA (alimentos), PNUD (desarrollo) y agencias como la OMS (salud) y OIT (trabajo), la Asamblea General no pasa de ser un aparato burocrático sin ningún poder, los tribunales internacionales tienen un poder muy limitado y el Consejo de Seguridad es prácticamente inútil. No sabemos tampoco cuánto poder le quedan a las instituciones reguladoras internacionales como la OMS (Organización Mundial de la Salud), o las económicas (Organización Mundial del Comercio (OMC), Fondo Monetario Internacional (FMI) Grupo Banco Mundial (GBM), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO) y otras muchas, como los tratados sobre control de cambio climático o control de armas nucleares.
Ya sabemos pues qué le queda como tarea a las próximas generaciones: como bien dijo Camus, lo primero, impedir que el mundo se deshaga, lo segundo, reconstruir una red de instituciones cosmopolitas mejor pensadas que las que nacieron de la Guerra Fría y que básicamente eran un pacto entre los triunfadores de la IIGM y potencias nucleares. Es una tarea inmensa, pero ahora tenemos mucho más claro qué actores habían quedado fuera: todos los países colonizados y neocolonizados. Había quedado fuera, como diría Latour, todos los no humanos, seres vivos y componentes de la zona crítica donde es posible la vida.
Lo bueno de todo esto es que se abre un campo de pensamiento y acción política insólito y muy parecido al que ocurrió también en los primeros momentos de la era nuclear: salvar la vida, salvar la humanidad. Con tanto realismo como radicalidad. Quizás convenga repensar todas aquellas controversias que se desarrollaron alrededor de la construcción del mundo contemporáneo y quienes pensaron en nuevos fundamentos.
Lo voy a decir abiertamente, y que me perdonen amigos y amigas: ya está bien de pensamiento posfundacional. Necesitamos repensar fundamentos sólidos, centros de gravedad, si no permanentes, al menos dialécticamente sensibles a las fracturas del mundo. Y grandes relatos, por ejemplo, el de cómo fue posible salvar a la humanidad y la diversidad biológica cuando estaba gravemente amenazada por el capitalismo imperialista. Y nuevas vanguardias estéticas que anticipen nuevas sensibilidades. Y nuevos entrelazamientos que anticipen un mundo realmente cosmopolita y descolonizado. Y sí, vivimos en contradicciones permanentes interseccionales, como si fuéramos un cubo de Rubik desordenado, pero somos un cubo de Rubik que se mueve porque hay mecanismos que ligan todo por debajo.
Y a Trump que le den. A él le queda menos tiempo que a las generaciones y movimientos que van a cambiar el mundo.
Fernando Broncano, muro Facebook 8 de enero de 2026
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