Quin significat té el concepte de sobirania avui en dia?
| Michael Ignatieff |
Como cualquiera puede ver, un mundo en el que se derrumba la norma de la soberanía es un mundo que conviene a los depredadores. Puede que Putin haya perdido a Maduro, su aliado venezolano, pero ha ganado algo más valioso: luz verde para continuar su guerra de conquista. Si la soberanía venezolana es fungible, también lo es la de Ucrania. Del mismo modo, la China de Xi Jinping, que actualmente realiza maniobras con fuego real en torno a Taiwán, concluirá que si los estadounidenses pueden salirse con la suya si declaran una esfera de influencia exclusiva en América Latina, los chinos pueden hacer lo mismo en Asia Oriental, con el mismo efecto limitador sobre la soberanía no solo de Taiwán, sino de Japón, Corea del Sur y otros aliados que habían confiado en las garantías de seguridad estadounidenses, ahora en retroceso.Un mundo dividido en esferas de influencia plantea nuevos desafíos decisivos a la soberanía de los Estados que quedan dentro de ellas. Canadá y México observarán lo ocurrido en Venezuela y empezarán a pensar lo impensable. ¿Y si tuvieran que defenderse, no de Rusia o China, sino de su vecino inmediato?
Los depredadores que promueven las esferas de influencia nos prometen un mundo más estable: sin policías globales, sin reclamaciones morales universalistas como los derechos humanos que justifiquen la intromisión en los asuntos de los depredadores. La estabilidad se construirá en adelante sobre un relativismo moral franco –lo que está bien para mí es asunto mío, lo que está bien para ti es asunto tuyo– y la paz dependerá de la disuasión armada en una ley de la selva.
En el mundo en el que hemos entrado, los países más débiles deben aprender a adquirir autosuficiencia, resiliencia y astucia para mantener a raya a los depredadores. Una Europa débil y dividida no puede seguir dando lecciones morales a Estados Unidos mientras intenta regular a sus gigantes económicos. Toda su razón de ser como proyecto político depende ahora de dotarse de mercados de capitales para construir su propia fortaleza económica y de la capacidad militar para defenderse. Canadá y México deben hacer muchos nuevos amigos con rapidez, establecer nuevas conexiones económicas y derribar sus barreras internas a una economía eficiente y productiva. Si estas potencias intermedias afrontan sus propias dificultades, podría tomar forma un nuevo multilateralismo, articulado por su deseo compartido de contener el poder de los depredadores. Si las potencias intermedias se agrupan, quizá atraviesen el siglo XXI con sus soberanías reforzadas. Si van por libre o cometen el error de arrimarse a un depredador u otro, podrían acabar siendo devoradas por una de las bestias.
¿Y qué decir de la propia norma de la soberanía, tan pisoteada que apenas resulta reconocible? El derecho y la ética comparten un destino difícil: sus normas fallan tan a menudo que tenemos motivos para preguntarnos por qué conservan alguna fuerza. Nuestra vida privada depende de la frágil suposición de que quienes conviven con nosotros y hacen negocios con nosotros cumplirán su palabra, no nos traicionarán y nos dirán tanta verdad como la situación permita. Y, sin embargo, sabemos de sobra que vivimos en un mundo de mentirosos y traidores. Eso no disminuye el valor de la lealtad, la veracidad y la honestidad. La propia fragilidad de estos valores los hace más preciosos y hace defenderlos con más precisión cuando podemos. Lo mismo, espero, ocurre con la soberanía. Sí, ha sido la coartada de dictadores, de Saddam a Maduro. Sí, ha sido violada por los depredadores. Pero es la única norma que tenemos para protegernos de la depredación y, si la perdemos por completo, ni nosotros ni nuestros hijos estaremos jamás a salvo.
Michael Ignatieff, El destino de Venezuela y el futuro de la soberanía, Letras Libres 04/01/2026
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