La política, aquesta gran desconeguda.
Donde mejor se comprueba lo desorientados que estamos en relación con la naturaleza de la política es en las connotaciones negativas que tiene esa palabra. La historia de la democracia es la historia de una progresiva politización, del aumento de las cosas que, previamente decididas por la tradición, por uno o unos pocos, se politizan, es decir, se convierten en objeto de pública discusión, decisión colectiva y libre configuración. Los padres fundadores de la democracia tuvieron que luchar para que muchas cosas que venían dadas fueran decididas. Pese a ello, politizar es para muchos de nuestros contemporáneos introducir la discordia donde antes reinaba una apacible armonía.
Muchos de los deseos o las propuestas desafortunadas tienen un aspecto no solo inocente sino indiscutible (que los políticos sean los mejores y los más expertos, que la política sea más moral, que se diga siempre la verdad y reine la coherencia) y, sin embargo, ponen de manifiesto que no se ha entendido nada, que no hemos aprendido las lecciones a partir de las cuales se construyó la democracia moderna: que la peor moralidad es tener su monopolio, que ciertas formas de administrar la evidencia son incompatibles con el pluralismo, que la democracia es imposible cuando los actores políticos, en nombre de sus principios, carecen de flexibilidad o sentido de la oportunidad, lo que es una forma más de carecer de principios.
Si uno recorre la línea de pensamiento que va de Maquiavelo a Weber, observará cómo se afianza un modo de entender la política con una lógica propia que la distingue de otras actividades humanas con las que antes estaba demasiado vinculada e incluso confundida. Recordar esta naturaleza de la política tiene todo el sentido en un momento en el que se encuentra acosada por diversas lógicas que pretenden ocupar su espacio: una actividad que debería confiarse a expertos de otros ámbitos (de la economía o de la ciencia), conforme a procedimientos de la gestión empresarial (las recetas del New Public Management) o a quienes estén en condiciones de garantizar la seguridad (militares, policías o políticos que convierten asuntos complejos en problemas de orden público) y que se desarrolla en un espacio comunicativo privado y poco deliberativo (las plataformas digitales).
Las actuales críticas hacia el modo como se hace la política reflejan por lo general el malestar ante su incapacidad de comprender las nuevas realidades que debe gobernar, pero en ocasiones ponen de manifiesto un desconocimiento acerca de la lógica, las condiciones y los límites de lo que estamos criticando, son críticas apolíticas hacia la política que generan nuevas frustraciones y apenas sirven para mejorarla. Defender este espacio y esta lógica es el arma más poderosa contra el populismo, la antipolítica y los extremismos, a quienes une, más allá de sus diferencias y peculiaridades, un profundo desconocimiento o desprecio hacia esa conquista de la modernidad que supuso la configuración de un espacio político liberado de todas las sujeciones del antiguo régimen que implicaban, en el fondo, sometimiento de las personas a una lógica que no permitía que organizaran libremente la sociedad.

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