"Carlo és el nom del meu pare" (Pier Paolo Pasolini, "Petrolio")





Carlo es el nombre de mi padre. Lo elijo para el protagonista de esta novela por una razón ilógica; de hecho, entre mi padre y este ingeniero “desdoblado” cuya historia me dispongo a narrar no hay posibilidad de parangón alguno. Mi padre era un oficial del ejército, que vivió su madurez durante el periodo fascista (aunque en la rivalidad que se estableció entre fascismo y ejército estuviera de parte del ejército); su carácter, predispuesto a aceptar los nuevos tiempos –ya que de joven había sido un bala perdida y un quinqui de rancia familia–, había sido moldeado por el fascismo: nada hay más solidario que el desorden y el orden. Se conserva una fotografía de mi padre a los diecisiete años, poco antes de partir a la guerra de Libia: es un muchacho guapetón, fuerte como un toro, elegante, con esa elegancia algo chulesca que corresponde a un hijo de buena familia venida a menos, malcriado y rudo al mismo tiempo. En su pelo y en sus ojos negros hay algo de malvado: es su sensualidad, que se manifiesta en extremo violenta y lo muestra demasiado serio, casi torvo. La pureza de su tez juvenil, la perfección de su cuerpo (aunque era un muchacho de baja estatura, un retaco), era la de quien tiene una buena polla. Y sin embargo todo esto, en su conjunto, era expresión de una voluntad hostil, casi del exceso de actitud defensiva de quien, aun ostentando violentos derechos sobre el presente, prevé la futura tragedia que transformará sus derechos en degradación. Ha formado una familia y la ha aterrorizado. Luego se ha ido a África a combatir en su tercera guerra; ha sido hecho prisionero y tras algunos años ha reaparecido en Casarsa, el pueblo de mi madre, el “pueblo inferior” que había despreciado siempre, para desquitarse de un amor no correspondido por mi madre; y se ha dado a la bebida, como corresponde a un hombre. Se ve que nunca había reflexionado sobre su destino, igual que nunca había reflexionado sobre política. Había aceptado las cosas: exactamente como corresponde a un hombre. La humanidad, querido lector –querido pues eres de momento solo potencial–, no es revolucionaria, debe vivir la realidad como un todo: aceptar las jerarquías sociales como valores inmutables. De tal modo el hijo puede repetir la vida del padre, es decir, ser hombre.

Pier Paolo Pasolini, Petróleo, fronterad.com 01/01/2026

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