Què passa quan el somni es fa realitat?
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¿Qué ocurre cuando el sueño se cumple? ¿Qué sucede cuando la maquinaria del progreso alcanza su telos último y nos libera no solo de la necesidad, sino del esfuerzo?
Para responder a estas preguntas, hay que acudir al filósofo que mejor ha cartografiado nuestros abismos futuros. Hablo de Nick Bostrom, el pensador sueco que, desde Oxford, definió el pánico de nuestra era con su seminal Superinteligencia (2014), que tanto influyó en los constructores de máquinas que piensan. Si en aquel libro nos advertía de que la IA podría aniquilarnos como a hormigas estorbando en una autopista, en su nueva obra, Deep Utopia: Life and Meaning in a Solved World (2025), se plantea un escenario quizás más inquietante: ¿y si ganamos? ¿Y si la tecnología resuelve el cambio climático, cura todas las enfermedades y nos regala la inmortalidad digital?
Bill Gates ya lo anticipó: si resolvemos el hambre y la enfermedad, “¿qué desafíos nos inspirarán?”. Elon Musk fue más allá, confesando que la idea de que una IA pueda hacer todo mejor que él le resulta “desalentadora y desmotivadora”.
No estamos hablando simplemente de una crisis de desempleo masivo, de esa profecía keynesiana de la semana laboral de 15 horas que nunca llega porque nuestra codicia siempre vence a nuestra pereza. Hablamos de algo más profundo. “El telos de la tecnología, escribe Bostrom, es permitirnos lograr más con menos esfuerzo. Si extrapolamos esta direccionalidad interna hasta su término lógico, llegamos a una condición en la que podemos lograrlo todo sin esfuerzo alguno” .
Imaginad un mundo post-instrumental. Un mundo donde estudiar medicina es absurdo porque una IA diagnostica mejor que tú y una nanobot cura instantáneamente. Un mundo donde aprender a tocar el piano es un gesto vacío porque un algoritmo compone e interpreta con una sensibilidad que humilla a Chopin. Un mundo donde ni siquiera criar a tus hijos es necesario, porque un androide con paciencia infinita y pedagogía perfecta lo haría mejor.
En este escenario, la humanidad se enfrenta a la “redundancia profunda”. No es solo que nuestro trabajo ya no sea útil económicamente; es que nuestro esfuerzo, nuestra lucha, esa fricción con la realidad que ha esculpido nuestra psique durante milenios, se vuelve obsoleta. Nos convertimos en aristócratas cósmicos, o peor, en los “hombres superfluos” de la literatura rusa del XIX: diletantes, cínicos, aburridos hasta la náusea.
Bostrom no rehúye la conclusión más oscura. Si eliminamos la necesidad, ¿eliminamos también el sentido? ¿Estamos condenados a ser blobs de carne flotando en un nirvana digital, o hay alguna forma de rescatar la dignidad humana cuando ya no somos necesarios para nada?
El libro es un viaje filosófico hacia el corazón de esa redundancia. Y justo cuando creemos que la única salida es el nihilismo o el suicidio hedonista, Bostrom abre una compuerta inesperada. Nos sugiere que, tal vez, la solución no esté en hacer cosas útiles, sino en repensar radicalmente qué significa “hacer”. Pero para entender eso, primero tenemos que atrevernos a cruzar el umbral de la Utopía Plástica.
Daniel Arjona, ¿Y si la IA sale bien? ¿Qué pasará el día en que te despiertes y no tengas nada que hacer?, El Argonauta 15/01/2026

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