Epistèmia.




Definimos la Epistemia como la condición estructural en la que la plausibilidad lingüística sustituye a la evaluación epistémica. Designa un régimen en el que los sistemas producen respuestas sintácticamente bien formadas, semánticamente fluidas y retóricamente convincentes, sin instanciar los procesos mediante los cuales las creencias normalmente se forman, prueban y revisan. El usuario experimenta la posesión de una respuesta sin haber pasado por la labor cognitiva del juicio.

La Epistemia no es una peculiaridad psicológica ni un mal uso transitorio de la tecnología. No se reduce al sesgo de automatización —la tendencia a confiar excesivamente en las recomendaciones automatizadas — ni a un mero problema de atribución de autoridad errónea, en el que los usuarios tratan incorrectamente a un sistema como experto. Tanto el sesgo de automatización como los efectos de autoridad pueden exacerbar la Epistemia, pero presuponen que el sistema subyacente es, al menos en principio, un agente epistémico que podría merecer o no confianza. En el caso de modelos lingüísticos extensos, esta presuposición es falsa. El problema central no es que los usuarios confíen en la fuente incorrecta, sino que interactúan con una fuente que carece de mecanismos internos para formar, mantener o revisar creencias.

La Epistemia es, en cambio, un fenómeno arquitectónico que surge cuando se insertan sistemas generativos en flujos de trabajo epistémicos sin mecanismos internos de referencia, verificación o mantenimiento de creencias. En estas condiciones, la plausibilidad se convierte en un sustituto funcional de la justificación. Lo que se optimiza no es la corrección de las afirmaciones con respecto al mundo, sino su adecuación a una distribución aprendida de usos lingüísticos.

La característica distintiva de la Epistemia es la disociación entre contenido y evaluación. En la cognición humana, el juicio está inmerso en un bucle epistémico: las afirmaciones se contrastan con la evidencia, las creencias chocan con contraejemplos y las conclusiones pueden revisarse a la luz de nueva información y la retroalimentación social. En los sistemas generativos, en cambio, no existe un locus interno donde las afirmaciones puedan ser probadas, retractadas o defendidas. El modelo no distingue entre continuaciones «verdaderas» y «falsas»; distingue entre las más y las menos probables. Lo que se genera no es lo que se sostiene, sino lo que encaja.

La Epistemia es, por lo tanto, el resultado de un desajuste preciso: una competencia lingüística altamente sofisticada sumada a la ausencia de control epistémico. A medida que los sistemas generativos mejoran, este desajuste se vuelve más peligroso, no menos. Cuanto más persuasivo se vuelve el sistema, más fácil es confundir coherencia con corrección, fluidez con fiabilidad y competencia estilística con conocimiento.

Es importante destacar que la Epistemia no depende de las tasas de error. Persiste incluso cuando los sistemas son factualmente precisos. El daño principal no es la producción de falsedades, sino la elusión estructural de la propia evaluación. Cuando las respuestas se entregan de forma definitiva, sin rastros visibles de incertidumbre, conflicto o fundamento probatorio, el usuario se coloca en una posición de pasividad epistémica. El juicio no se ejerce; se consume.

En este sentido, la Epistemia marca una transformación no en lo que se sabe, sino en cómo se produce el conocimiento. Transforma la actividad epistémica de un proceso a un producto. La pregunta operativa ya no es «¿Qué debo creer, dada la evidencia disponible?», sino «¿Qué suena correcto, dado lo que se me presenta?». Los mecanismos de escrutinio, contestación y revisión son reemplazados por mecanismos de aceptación o rechazo inmediato de respuestas prefabricadas.

La Epistemia, por lo tanto, designa una reconfiguración del entorno epistémico: un mundo en el que el acceso a resultados lingüísticamente competentes se vuelve más fácil que el acceso a creencias justificadas, y en el que la experiencia de comprensión se separa de la práctica de la justificación. Es en esta brecha —entre respuestas fluidas y cognición responsable— donde se arraiga una nueva forma de inestabilidad epistémica.


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