El veritable coneixement no és una ciència (Agamben)
Estamos todos en el infierno, pero algunos parecen pensar que aquí no hay otra cosa que hacer sino estudiar y describir minuciosamente a los demonios, su horrendo aspecto, sus feroces comportamientos, sus insidiosas tramas. Tal vez se ilusionan creyendo que de este modo podrán escapar del infierno, sin darse cuenta de que aquello que los ocupa por completo no es más que el peor de los tormentos que los demonios han ideado para atormentarlos. Como el campesino de la parábola kafkiana, no hacen más que contar las pulgas en el cuello del guardián.
Por supuesto, tampoco están en lo cierto aquellos que, estando en el infierno, pasan su tiempo describiendo a los ángeles del paraíso: también ésta es una pena, en apariencia menos cruel, pero no menos odiosa que la otra.
La verdadera política se sitúa entre estos dos tormentos. Comienza, ante todo, con el conocimiento de dónde nos encontramos y con la certeza de que no podemos escapar tan fácilmente de la máquina infernal que nos rodea. De los demonios y los ángeles sabemos lo que hay que saber, pero también sabemos que es con una falsa imagen del paraíso como se ha construido el infierno, y que a cada fortalecimiento de los muros del Edén corresponde una profundización del abismo de la Gehena.
Del bien conocemos poco y no es un tema que podamos profundizar; del mal sabemos solamente que hemos sido nosotros mismos quienes hemos construido la máquina infernal con la que nos atormentamos.
Tal vez una ciencia del bien y del mal nunca haya existido y, en todo caso, aquí y ahora no nos interesa. El verdadero conocimiento no es una ciencia, sino más bien una vía de salida. Y es posible que hoy esta coincida con una resistencia tenaz, lúcida y ágil en el mismo lugar donde nos encontramos.
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