OpenAI i esclavitud tecnocolonial.
Para que ChatGPT sea tan servicial y obsequioso como es, pese a alimentarse de todo tipo de materiales salvajes en la red, alguien, alguien, alguien tiene que filtrar esas fuentes manualmente, imagen a imagen de violación, decapitación, brutalidad: ¿quién podría hacerlo francamente bien? Los negros pobres de Kenia o los desesperados habitantes de Venezuela (con la crisis salvaje de hiperinflación de 2018, el 75% de los trabajadores de las plataformas de anotación de datos eran venezolanos…): ellos son los que hicieron y siguen haciendo el trabajo sucio, y sucio es poco. Es la industria subterránea e invisible, muy desconocida, de la anotación de datos, el etiquetado de imágenes y grabaciones, por ejemplo, para la conducción de coches autónomos (o para que no te ensucie la pantalla del móvil una procacidad visual o textual regurgitada por ChatGPT). Súper guay: “Buscar a trabajadores en crisis podría ser una forma infalible de seguir reduciendo los costes de la mano de obra que es el alma de la industria de la IA”. La base de la IA no es artificial sino pedestremente humana y miserablemente pobre. En 2024, la última ronda de capital riesgo para financiar la empresa alcanzó la cifra más alta de la historia, 6.600 millones de dólares. Su valoración se elevó hasta 157.000 millones.
La descripción material y detallada de las condiciones de trabajo de esos equipos de decenas de miles de personas solo tiene una palabra en español moderno: esclavitud, esclavitud tecnocolonial, aunque una de las empresas intermediarias lo llama “optimización e innovación”. Este capítulo 9 es especialmente estremecedor —el reportaje originario fue portada en el periódico donde escribe Karen Hao, The Wall Street Journal— pero hay más, entre ellos el análisis de la personalidad manipuladora y cínica de Altman, las acusaciones graves de su hermana pequeña de abusos sexuales o, quizá lo mejor, el seguimiento de la guerra civil interna en OpenAI entre quienes creyeron de veras en un proyecto de investigación sobre inteligencia artificial teóricamente sin afán de lucro y quienes estaban dispuestos a exprimir económicamente al máximo y sin escrúpulos la creación de un simulacro de inteligencia: ChatGPT. Como suelen decir en el gremio —y le gusta repetir a Marta Peirano—, OpenAI es la empresa de IA más cerrada del mercado.
Jordi Gracia, La codicia, nuestra idiotez y la inteligencia artificial ..., El País 08/01/2026
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