O ficció o feixisme (Santiago Alba Rico)




La verdad tiene dos enemigos: la mentira y la fuerza. Lo contrario de la mentira es la ficción; lo contrario de la fuerza es el Derecho.

Lo contrario de la mentira es la ficción, que nos permite precisamente conocer, y a veces transformar, la realidad. Quiero decir —he dicho otras veces— que el rey Lear es más verdadero que el rey Juan Carlos y la reina Titania más verdadera que la reina Isabel II. 

Ahora bien, ¿podemos seguir creyendo en la ficción, y en su capacidad para señalarnos la realidad, en un mundo gobernado por la fantasía? ¿En un mundo en el que Trump borra todos los días la diferencia entre la realidad y la fantasía?

Lo contrario de la fuerza es el Derecho, conquista trabajosa de las clases vulnerables que obliga a los poderosos al menos a disimular. Nunca por sí mismo podrá el Derecho establecer un mundo justo, pero sus avances han señalado siempre los nuevos límites de la humanidad: no es imposible que ocurra (ya nada es imposible), pero para restablecer legalmente la esclavitud haría falta hoy mucha más violencia que en tiempos de Espartaco. Estos días, mi amigo Francisco Fernández, jurista y filósofo, me recordaba que el fracaso del Derecho Internacional significa el triunfo del “derecho nacional” o, si se prefiere, de la “soberanía”, a una parte de la cual renunciaron los Estados-Nación tras la Segunda Guerra Mundial para asegurar la protección de las minorías; para que, por ejemplo, no fueran nunca posibles de nuevo las leyes de Núremberg, expresión jurídica de la fuerza bruta del nazismo. Que el único dirigente europeo que ha condenado de manera tajante la criminal intervención de EE UU en Venezuela haya sido la fascista Marine Le Pen —y lo haya hecho en nombre de la “soberanía” y no del Derecho Internacional— dice mucho acerca del nuevo orden trumpista, en el que cabe Hitler pero no Lauterpacht; y cabe Meloni pero no Ferrajoli. Y en el que Europa no será señor sino vasallo; y no será conquistador sino botín. La protesta de Le Pen es, aún más que la timidez de Merz, Macron o Kallas, el verdadero triunfo de Trump.

El fascismo es en realidad un atentado contra (la ficción). Siempre se ha mentido, pero hoy la mentira está a punto de suprimir la ficción, que es nuestro único contacto con las cosas verdaderas. Y siempre se ha violado el Derecho internacional, pero hoy estamos a punto de legalizar la fuerza bruta y la soberanía absoluta: Bush, por ejemplo, también habría atacado Venezuela, pero habría puesto en lugar de Maduro a Corina Machado, igualmente autoritaria y ferozmente neoliberal, pero investida de una cierta legitimidad democrática. El triunfo de la mentira convalida todos los relatos; el triunfo de la fuerza invalida todas las formalidades.

No hay alternativa y Europa debería ya saberlo: o ficción o fascismo.

Santiago Alba Rico, ¿Podemos seguir creyendo en los Reyes Magos?, El País 07/01/2026

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