Neutralisme i determinisme tecnològic.
De ahí que tanto la utopía que piensa que la tecnología lo soluciona todo como la distopía que no ve en ella más que peligros tienen una visión profundamente ahistórica que sitúa el poder únicamente en la tecnología y no en el modo como los humanos nos apropiamos de ella. El neutralismo y el determinismo conciben la tecnología con independencia de su utilización social, como algo cerrado, definido y no susceptible de modulación; en el primer caso, porque no es necesario y en el segundo porque no es posible. Pensar así impide percibir los espacios de configuración democrática que tenemos a nuestra disposición, que no son ilimitados, pero tampoco inexistentes. La ideología del “inevitabilismo” (Zuboff) desconoce que todas las tecnologías permiten algunas opciones, aunque el ámbito de posibilidades no sea infinito.
El determinismo tecnológico suele ir unido a una visión reduccionista de la tecnología, a la que no considera un fenómeno social y cultural, de manera que los dispositivos técnicos predeterminaran su uso sin permitir que cada sociedad se apropie de ellos de acuerdo con su propia idiosincrasia y patrones culturales. La debilidad de este tipo de diagnósticos estriba precisamente en la idea de que sea siquiera posible una evolución tecnológica sin intervención humana. Esa intervención puede ser mejor o peor, pero está presente en el desarrollo de la tecnología mucho más de lo que piensan los deterministas.
Daniel Innerarity, La gente en la inteligencia artificial (II), La Vanguardia 07/03/2026
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