Esas grandes corporaciones producen tecnología con aplicación militar y le sirven de infraestructura a las empresas de la industria militar tradicional y a las que lo hacen con tecnología digital, como Palantir. Aunque Palantir no es la única responsable del uso de inteligencia artificial en los departamentos de Defensa. Vemos el rol de Anthropic o de OpenAI... desesperadas por vender sus servicios a los gobiernos, en particular al de Estados Unidos. Se estrecha y crece el vínculo entre estas grandes empresas y el Departamento de Defensa de Estados Unidos. También son las responsables de parte de la tecnología que se utiliza en el genocidio en Gaza.
Claramente hay una pata militar, pero no es la única. Estas empresas son también las responsables de contribuir, con algoritmos que están diseñados para generar adicción, a la emergencia y la proliferación de discursos violentos y de odio. Esto es un fundamento de las redes sociales. Está en cómo han sido concebidas, cuál es el modelo de negocio. Necesitan sujetos adictos. Este patrón se replica en la inteligencia artificial generativa. Y ahí también señalaría otro punto: a mayor confianza en la inteligencia artificial, menor capacidad de pensamiento crítico y menor capacidad para organizar la resistencia y producir alternativas.
Por ejemplo, Europa ha estado a la vanguardia en intentar regular a las grandes tecnológicas, pero nunca fue al fondo, al nudo del poder de estas empresas que es la concentración sistemática de activos, de intangibles, de formas de conocimientos, de datos... ¿Y por qué? Porque eso exige rediscutir el régimen de propiedad intelectual y eso es meterse también con las grandes farmacéuticas o las grandes automotrices, entre las que también hay empresas europeas.
... el Departamento de Defensa de Estados Unidos no puede funcionar sin las grandes tecnológicas, pero estas grandes empresas como Microsoft, Amazon o Google no necesitan de los contratos con el Departamento de Defensa para ser exitosas y tener beneficios. Palantir es distinta, porque en torno al 50% de sus ingresos dependen del Gobierno de Estados Unidos. Hay una diferencia en la capacidad de influencia que puede tener el Gobierno de Estados Unidos con Palantir o con Amazon, Microsoft o Google. Si vos sos una gran empresa o un Estado y querés controlar a otros, a tus trabajadores, a tus ciudadanos, necesitás información y capacidad de procesar esa información, y quienes controlan hoy a qué información tenemos acceso, quién accede a qué y cómo (ese cómo son las tecnologías digitales), son Amazon, Microsoft y Google. Controlan la nube, que es el ámbito de producción, la capa sobre la cual se monta prácticamente toda la producción de tecnologías digitales.
... refuerzan cotidianamente el sentido común de que la regulación va en contra de la innovación, como si toda innovación fuera intrínsecamente buena para la sociedad; como si toda regulación fuera negativa para la innovación. De hecho, estas empresas son apropiadoras de conocimientos. Si estas empresas no tuvieran el lugar que tienen, el conocimiento que se produce se podría socializar y generaría más proyectos distintos. Ese manejo del discurso impacta de lleno en los hacedores de políticas y los limita a la hora de pensar alternativas.
Cuanto más crecen esas empresas, más datos acumulan y desarrollan modelos más grandes. Así, a más extractivismo en el conocimiento y más extractivismo de datos, más centros de datos son necesarios, entonces hay más extractivismo en la naturaleza directamente vinculado con las tecnologías digitales. Además del extractivismo de litio, de cobalto, de todos los materiales y minerales que son necesarios para producir los dispositivos y los procesadores.
Europa camina hacia su periferia digital porque está cada vez más obsesionada con ganar la carrera por la inteligencia artificial y por las tecnologías digitales, una carrera que no solo ya perdió, sino que no debería correr. Esas tecnologías no son compatibles con cualquier forma en la que quieras pensar los valores europeos, desde los más cercanos al liberalismo o la derecha, hasta las visiones más críticas y fundamentales de discutir qué significa tener una vida digna y plena, en la que no solo se trabaja para vivir y el trabajo no es un ámbito de sufrimiento todo el tiempo. Hay mucho de la vida en Europa que, a veces, se pierde de vista, quizá porque se da por sentado. Europa podrá estar detrás de Estados Unidos y China en ciertas estadísticas, pero eso no es necesariamente una mala noticia. Lo que es una mala noticia es que los gobernantes agachen la cabeza y respondan de la manera que quieren estas empresas y sus gobiernos.
La gente capaz piensa que es el mercado el que decide, como una confluencia abstracta de necesidades. Si en algún momento funcionó así, hace rato que no lo hace. Lo que hay son corporaciones y gobiernos que deciden por nosotres. No es solamente un problema de redistribución de la riqueza, es también un problema de redistribución de la capacidad de toma de decisiones, del acceso al conocimiento, a la capacidad de pensar y al tiempo para poder decidir.
Hay que entender que en Silicon Valley conviven dos grandes discursos ideológicos. Uno es el que la gente asocia con el tecnooligarca porque piensa en Elon Musk, en Peter Thiel o en el CEO de Palantir, Alex Karp. Es esta idea de que “el Estado fracasó, hay que eliminarlo, pero, por supuesto, lo que nunca fracasa es la tecnología que va a traer todas las soluciones (para el que pueda pagarlas): va a curar el cáncer, va a llevarnos a todos (a los que puedan pagar) a vivir a Marte...”. El otro discurso no es anti-Estado, lo que busca es que el Estado exista, pero completamente subordinado, y que se le puedan vender herramientas para que gobierne a través de la tecnología de estas grandes empresas. Ese discurso es el de Bill Gates, o el actual CEO de Microsoft o de Google. Buscan esta falsa alianza con el Estado, el partnership, y el enfoque es “te ayudamos porque el crecimiento económico se alcanza con tecnología y yo soy el que te trae la tecnología”. En realidad, termina subordinando a los Estados, y se produce algo que en el libro llamo “inversión de roles” porque los gobiernos dejan de gobernar y son las empresas las que te venden una visión de futuro, de sociedad, de gobierno más amplio. El gobierno solamente se encarga de perseguir el crecimiento económico, que, en principio, es lo que tiene que hacer la empresa.
En realidad, cuando el gobierno busca el crecimiento económico, estas grandes empresas, a veces, incluso pueden decidir no crecer tanto para aumentar su control. Amazon, por ejemplo, es una empresa que ha sido deficitaria durante años y con bajas tasas de ganancia; ahora, desde la nube y el crecimiento asociado, sobre todo, a la inteligencia artificial, cada vez gana más; pero, aún así, es una empresa que ha apostado mucho más al control, a expandirse lo más posible, a imponer su visión del mundo, a costa de menores ganancias. A cambio de crecer menos en el corto plazo, se vuelve más imperial y más dominante a nivel global. Mientras, los gobiernos siguen ahí como los caballos con las anteojeras, solo pensando en el crecimiento económico. Es importante separar estos dos discursos para pensar las alternativas. Entender dónde se encuentran, en el tecnosolucionismo, pero entender sus diferencias. Porque si no, el riesgo es que terminemos pensando que el problema son los Alex Karp y que Bill Gates está bien.
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