dimecres, 11 de maig de 2016

Massimo Piatelli: "Som instintivament uns pèssims avaluadors de probabilitats".

Massimo Piatelli
La idea de que nuestra razón sea la que gobierne territorios cada vez más amplios, sustrayéndolos a la tiranía de una mal entendida “espontaneidad” instintiva, no es nueva, aunque sigue siendo de gran actualidad. Debemos estar preparados para identificar y vencer, también en este terreno, resistencias psicológicas. Según me dicen mis amigos psicoanalistas, las “resistencias” que hay que vencer hoy en el terreno del inconsciente emotivo ya no son las de la época de Freud, es decir, las de nuestros abuelos. El deseo moralista de parecer honesto y la sexofobia de aquella época ya no existen. Las resistencias actuales, siempre según mis informadores, adoptan la forma de autoanálisis “salvajes”, superficiales, aparentemente despiadados e impúdicos, exhibidos por quienes afirman que ya “lo saben todo” de sí mismos. Al auténtico, lento y difícil autoanálisis ya no se opone el rechazo, sino más bien un exceso atrevido de “autodiagnóstico” instantáneo, aparentemente muy sincero y cruel. (…)

En este campo, la principal resistencia al progreso de la racionalidad consiste enteramente en insistir en la exactitud de nuestras estrategias intuitivas, de nuestros pseudo-razonamientos, ingeniándonos para demostrar que “al fin y al cabo no están tan equivocados”. (…) Una vez establecido este incierto e irrelevante punto de partida, a nuestro inconsciente cognitivo le resulta fácil pasar después a la “demostración” de que “por consiguiente” todo funciona bien. Entre la racionalidad y nuestro amor propio cognitivo, elegimos el segundo, dispuestos a pagar el precio que sea. En definitiva, nos duele más tener que admitir que, en la actualidad, somos instintivamente pésimos evaluadores de probabilidades, y pésimos decisores frente a posibles alternativas, que admitir que, en un fondo instintivo recóndito, deseamos simbólicamente hace tiempo poseer a nuestra madre y matar a nuestro padre.

Freud afirmó, lapidariamente, que allí donde ahora está el inconsciente, debería estar un día el yo. Gracias a una de estas perlas que se esconden en los recovecos de las lenguas, su frase original significaba también: “Allí donde estaba esto, deberé estar yo” (Wo Es war, soll Ich werden). Este lema significaba que el trabajo de saneamiento de la racionalidad, a la larga, debe aclarar los enredos y los embrollos que llevamos dentro, pero de los que no somos espontáneamente conscientes. Con métodos completamente distintos, partiendo de presupuestos totalmente distintos, y utilizando un material completamente distinto, pretendo dar consistencia a un proyecto similar al proyecto freudiano, contribuyendo a ensanchar posteriormente el dominio de la razón. Me parece importante subrayar, en la frase de Freud, el verbo “deber” (sollen). Nuestro proyecto, como el original de Freud, también es un proyecto de naturaleza moral. Se trata de un proyecto de curación de nuestra capacidad de decisión, en el que confío que muchos de nosotros podamos, precisamente en estos momentos, reconocernos.

(…) Mi intención es hacer que descubramos directamente, en nuestro interior, la fuerte tentación que todos experimentamos de embocar, y de recorrer hasta el final, lo que he denominado los túneles de la mente. (…) El objetivo último es hacer que superemos la estupefacción inicial, volviendo a considerar a la luz de una nueva perspectiva muchos acontecimientos de la vida, tanto pública como privada, y reequilibrando muchos juicios espontáneos desde un plano distinto, superior, más racional.

El problema de la racionalidad es un problema eterno, pero cada época lo ha tratado de una manera distinta. Aristóteles intentó descubrir las leyes internas de la razón, y hacerlas transparentes, explícitamente transmisibles, incluso enseñables. La Ilustración intentó demostrar que la razón es tan necesaria como suficiente para gobernar las cosas humanas. Los románticos y los relativistas (de ayer y de hoy) se han esforzado por denunciar los límites de la razón, creyendo que se podían situar al margen de ella. Los racionalistas modernos, desde Kant en adelante, han intentado, en cambio, explorar sus límites desde dentro, sosteniendo con buenos argumentos que no es ni posible, ni pensable, salirse de ella para observarla como se observa un planeta lejano.

Nuestra época ha heredado el dilema de si la racionalidad es un “don” natural de nuestra especie, o si, en cambio, constituye un objetivo fatigoso, una meta que hay que alcanzar, aun a costa de violentar ciertas tendencias naturales nuestras. Indudablemente, el dilema no es nuevo, pero desde hace no hace mucho tiempo se ha iniciado un cambio auténticamente revolucionario hacia soluciones impensables hasta ahora, a base de estudiar sistemáticamente, desapasionadamente, sobre casos modelo cómo razonamos en realidad. (Introducción, 18-20)


Massimo Piattelli Palmarini, Los túneles de la mente. ¿Qué se esconde tras nuestros errores?, Crítica. Biblioteca de Bolsillo, Barcelona 1995