Subjecte i jo.


La distinción conceptual sujeto y yo (base de esta teoría) tiene un substrato empírico. ¿Quién tiene acceso a la interioridad de otro, a ese lugar en que se fraguan los designios, los intentos, los propósitos y las estrategias para la actuación en la realidad? El ámbito íntimo es propiedad exclusiva de cada sujeto; los demás sólo pueden conocer el yo con el que el sujeto se presenta ante ellos. Y aunque ese yo haga confidencias, revele secretos, comparta deseos y temores o "abra de par en par" las puertas de su intimidad, el sujeto permanece velado o quizá vislumbrado, nada más. La actuación verbal y extraverbal es una cosa; la mente, otra, y en la mente no entra nadie. El yo se observa, el sujeto se infiere.

¿Qué pretende el sujeto con el yo que lanza a escena? Esto es lo que interesa al otro de la interacción: el propósito del sujeto al poner a actuar un yo, ese yo. Aun cuando tenga carácter perentorio, la actuación responde al propósito del sujeto. Alguien que corre y huye no hace otra cosa que adoptar la forma que el sujeto considera más adecuada para defenderse; alguien que llora y se queja pretende, pongamos por caso, ser compadecido; alguien que elogia a otro quizá se propone seducirle.
Carlos Castilla del Pino, El delirio, un error necesario, Círculo de Lectores, Barna 1998

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