La dreta populista i la promoció dels valors transcendents.



A mi juicio, el secreto del éxito de la nueva derecha es que antepone lo moral a lo material. Los políticos progresistas siguen operando con una mentalidad materialista o marxista, centrada en la explotación económica. Y, sin duda, la globalización y la automatización han precarizado muchos puestos de trabajo. Urge mejorar la capacidad de negociación y los salarios de trabajadores que encadenan míseros contratos temporales. Pero muchos ciudadanos sienten que, con la inestabilidad laboral, no están perdiendo solo bienestar, sino también identidad, el orgullo de formar parte de una idea que les trascienda: su comunidad, su profesión o su fábrica.

La nueva derecha no es marxista, sino weberiana. A diferencia de Marx, Weber creía que el motor del mundo no son los recursos materiales, sino las ideas. Siguiendo esta lógica, la derecha radical no ansía llenar las carencias materiales, sino los huecos existenciales de los votantes.
Vende un nacional-cristianismo excluyente, una ideología simple y peligrosa, pero trascendente. Una meta que supera al individuo. La derecha convencional, desatada de la moral democristiana por neoliberales y Berlusconis varios, abandonó hace tiempo la promoción de valores trascendentes entregándose al materialismo más rampante. Y la izquierda convencional ha dejado de lado su ancestral patriotismo, el ideal de folkhemmet (el hogar del pueblo) sobre el que los socialdemócratas nórdicos edificaron su mensaje de integración social durante décadas. La izquierda es ahora alérgica a la patria. Ya no pide respeto a los símbolos nacionales ni sacrificios, como el servicio militar o civil, que formaban parte del progresismo europeo.
Víctor Lapuente, Por qué gana la nueva derecha, El País 08/01/2019

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