Alienació epistèmica.





La alienación epistémica es una distorsión grave o muy grave de la agencia epistémica, que consiste en la capacidad de determinar las creencias y saberes propios sobre sí y sobre el entorno. Es un daño estructural que afecta al carácter y la identidad epistémica personal. Esta identidad es la que se expresa en la atención a lo relevante, en la evaluación de los riesgos de no estar en lo correcto y en la evaluación de las posibilidades que constituyen la situación de conocimiento y acción. La identidad epistémica no es una esencia del carácter o de la naturaleza del sujeto, sino una trayectoria dinámica que integra las propias capacidades en una autoconcepción propia del lugar en el mundo y una conciencia de la propia posición epistémica.

La alienación epistémica deja a los sujetos en una situación de vulnerabilidad que daña su capacidad para formar juicios cabales en las situaciones cognitivas en que están inmersos. La sociedad de la información contribuye paradójicamente a extender esta condición injusta amplificando y estabilizando los sesgos, prejuicios y distorsiones del sentido de la realidad. El conocimiento ha sido en la historia humana una de las fuerzas culturales que ha permitido la emergencia de sociedades complejas. Con ellas también, sin embargo, surgieron los quiebres de las normas de interacción comunicativa y el uso estratégico del engaño, la ignorancia y los prejuicios como dispositivos de control de las mentes y conductas.  El gran dilema de la convivencia común en el terreno epistémico es que sin confianza en la palabra de los otros la vida cotidiana se hace imposible y sin controlar la credulidad las personas están al albur de las muchas formas de manipulación de las creencias. Este dilema ha debido de tener un carácter de presión evolutiva sobre la formación de la mente social de los humanos, que han desarrollado a la vez que las capacidades comunicativas funciones de monitorización y control de riesgos epistémicos y resistencias a la colonización cognitiva. 

Consideremos algunas características cognitivas presentes en nuestras formas de vida contemporáneas:

  • 1.     Como ha señalado la tradición de epistemología social que comienza con Thomas Reid, la inmensa mayoría de nuestras convicciones, creencias y conocimientos no proviene de nuestra experiencia directa sino del testimonio y la dependencia informativa de otros. La dependencia epistémica es la base y el trasfondo sobre el que se desenvuelve el ser humano producto a la vez de la biología y de la cultura y la sociedad, de las que recibe la materia, energía e información necesarias para la vida.
  • 2.     Pese a que la confianza es la actitud básica por defecto, la psicología nos enseña que los niños desarrollan pronto mecanismos de vigilancia epistémica, por ejemplo contrastando con más de una fuente las informaciones recibidas por sus preguntas. La vigilancia epistémica parece ser un mecanismo básico para navegar entre el peligro de la credulidad, sin que eso afecte a su capacidad de otorgar confianza epistémica a las personas más cercanas que las que dependen tanto cognitiva como vitalmente.
  • 3.     Estos mecanismos metacognitivos han sido aceptablemente eficaces en la historia de la cultura, al menos mientras la fuente social de conocimiento se ha sostenido sobre la oralidad y las relaciones cercanas, en donde la vigilancia epistémica ha permitido generar sociedades con una enorme cantidad de recursos cognitivos comunes. En las complejas sociedades de la información, sigue siendo un mecanismo eficiente en las comunidades cognitivas relativamente autónomas, en donde los lazos de autoridad epistémica siguen siendo centrales para la cooperación y la formación de recursos comunes. Tanto en espacios informales de intimidad, como en espacios formales cognitivos, como la investigación científica, estos mecanismos siguen actuando. En el caso de la ciencia, la filosofía y la historia de la ciencia, de Popper a Kuhn y a la epistemología feminista han dado cuenta de estos dispositivos. Como Edward Craig, Bernard Williams y Miranda Fricker han argumentado, esta larga historia cognitiva permite conjeturar lo que habría podido ser la genealogía del concepto de conocimiento y su instauración como valor y bien en todas escalas del orden social.
  • 4.     Los procesos de modernización no solamente han traído una diferenciación acelerada de sistemas, cada uno de ellos con sus propios recursos cognitivos, sino que los procesos de comunicación se han alejado aceleradamente de las cultura orales: la escritura, la prensa, la digitalización y la globalización compiten ahora con el modo más tradicional de producción común de conocimiento. 
  • 5.     En esta situación, hay sospechas razonables de que los mecanismos personales de vigilancia epistémica puede que no sean suficientes para discriminar entre fuentes baratas y triviales de información irrelevante o directamente engañosa, prejuiciada y dañina estructuralmente para la identidad epistémica. Numerosos estudios dan cuenta de fenómenos como las burbujas epistémicas, las cámaras de eco y otros sistemas que convierten la información en propaganda, dañando la misma base del conocimiento y sentido común.

Podemos sentirnos inclinados a pensar que solamente las víctimas de injusticia epistémica son las dañadas por todos estos mecanismos, pero la evidencia es que las crisis de autoridad reproducen cegueras y metacegueras estructurales en el conjunto de la sociedad y afectan también a quienes tienen intereses en que las asimetrías comunicativas y de distribución de conocimiento no combatan las injusticias epistémicas. La sobrevaloración de los juicios expertos convive muchas veces con la negación de aquello que afirman los mismos u otros expertos.  La propaganda mediada tecnológicamente se ha convertido en una herramienta habitual que socava y mina la función de muchas instituciones de vigilancia epistémica, como fue en su tiempo la prensa y medios de comunicación independientes, cada vez más agrupados en cuasi monopolios poseídos por grandes intereses económicos o por estados autoritarios. La esfera pública, que tradicionalmente se ha concebido como una de los espacios de vigilancia epistémica se degrada en una riada de informaciones que tratan más que de comunicar de producir efectos sociales. Todas estas formas tecnológicamente mediadas conviven con los siempre estructurales silenciamientos y oclusiones de las experiencias y saberes de colectivos subordinados que reproducen las desigualdades en la posición social.  El daño en la fiabilidad y autoridad epistémica que es fruto de estrategias de control y manipulación de la información afecta también a la lucidez de quienes son responsables de estas políticas de polución cognitiva. Los procesos de ignorancia estratégica que acompañan a los grandes movimientos económicos que están detrás del agotamiento de recursos naturales, la degradación que producen en las capacidades creativas la extensión incontrolada de la inteligencia artificial generativa, y tantos otros fenómenos contemporáneos no solo afectan a las capas más vulnerables de la sociedad, también afectan a los intereses a medio plazo de la humanidad en su conjunto y a las mismas élites que pierden el sentido del riesgo. 

Las tareas más urgentes de la epistemología aplicada, en este caso de la epistemología política, son la de detectar la degradación de los mecanismos de vigilancia epistémica y colaborar en la implantación de políticas de conocimiento críticas, que resistan las formas injustas de producción y distribución del conocimiento, que pueden conducirnos a sociedades sin el concepto y las prácticas de autoridad epistémica y, por ello, sociedades que disuelvan la confianza en las oscuras aguas del poder. 

Fernando Broncano, Vigilancia y vulnerabilidad epistémicas, El laberinto de la identidad 14/06/2026

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