Trampes epistèmiques.
He escrito aquí sobre el concepto de "logro", pero nada enseña tanto sobre el ser humano como sus fallos racionales. Conocemos muchos por el trabajo de la psicología experimental en la forma de sesgos y heurísticas cognitivas (Kahneman &Tversky), pero hay algunos mucho más complejos y peligrosos que tienen largo recorrido. Me refiero a "trampas" en las que entran inconscientemente los sujetos y luego terminan destrozando su vida y la de otros por no encontrar la salida. Las observamos muy claramente en la gente con mucho poder. Hoy un comentarista político como David Ignatius habla de las sendas trampas de Trump y Putin. No calcularon bien los riesgos y ahora tienen un problema para salir de la situación que crearon: o bien se rinden, que los destruiría, o bien escalan, que probablemente también. Pero, aparte de estos ejemplos, tan repetidos en el mundo de la política, el mecanismo está muy generalizado entre los humanos: parejas mal elegidas que no encuentran el modo de salir del enredo, carreras mal elegidas que desfondan las ilusiones, proyectos intelectuales o sociales mal diseñados. En muchas instituciones, quienes tienen poder tienden a rodearse de gente que les halaga pero que son incompetentes. Son numerosísimos los ejemplos de trampas en las que nos metemos tanto gente normal como poderosa. Son trampas por una convergencia de causas complejas: las situaciones llevan a implicaciones y dilemas desastrosos, pero sobre todo, son trampas porque quienes están en ellas tienden a crear filtros burbuja epistémicos y a no querer ver los datos reales (o no les llegan por la burbuja) y se devalúan sus mecanismos de vigilancia epistémica. El miedo a la vergüenza y a reconocer ante otros y ante sí la equivocación suele ser una de las más poderosas fuentes de desastres humanos. De entre las virtudes epistémicas, la humildad suele ser tan escasa como abundante la arrogancia.
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