Testimonis i miracles (Hume)
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Ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea de tal clase que su falsedad sea más milagrosa que el hecho que intenta establecer. Magnífica sentencia de mi amado David Hume, que me ha servido siempre de principio rector de sano escepticismo. Cada vez que alguien me cuenta que tiene un primo, tío, cuñado, etc. que le ha contado que ha tenido tal o cual experiencia paranormal, pienso en esta sentencia y digo: no. Hay muchas más razones para pensar que es imposible que se rompan las leyes de la física que que alguien haya mentido, o tergiversado, exagerado, deformado o desvirtuado cualquier suceso que, por lo demás, tendría una explicación completamente natural. No amigos, los extraterrestres no han tenido contacto con nosotros, no se pueden mover objetos con la mente ni hay fantasmas ni casas embrujadas; la güija no funciona y no tienes por qué tener absolutamente nada en común con las personas con las que compartes signo zodiacal; el futuro no está escrito en unas cartas ni en una bola de cristal y, sí, el hombre ha llegado a la luna y la tierra no es plana, es una esfera un poco achatada por los polos. Siempre he pensado que es extremadamente grave que en el Occidente del siglo XXI, a tres siglos de la Ilustración, todavía estamos como estamos.

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