La regla d'or de Darwin.




¿Qué se puede aprender del hombre que planteó la idea de la evolución biológica a través de la selección natural en su libro El origen de las especies? La primera pista se encuentra en su propia autobiografía, se trata de pura concentración, una atención constante en sus tareas, algo que comparte con Einstein y hasta con Sherlock Holmes: Centrar toda la atención en su tarea era fundamental y no solo eso, también pensaba detenidamente. Así lo dice David Quanmen en The Reluctant Mr. Darwin: "Una de las grandes fortalezas de Darwin como científico también fue, en cierto modo, una desventaja: su extraordinaria curiosidad. Buscaba constantemente datos, leía y guardaba notas. No solo buscó patrones sino también excepciones. Pensaba detenidamente y no quería equivocarse".

En sus propias palabras: "Durante muchos años seguí una regla de oro: cada vez que se me presentaba un hecho publicado, una nueva observación o pensamiento que se oponía a mis resultados generalesme dedicaba a hacer un memorándum sin falta y de inmediato. Debido a este hábito, hubo muy pocas objeciones contrarias a mi punto de vista que yo no conociera o hubiese tratado de responder y refutar".

El gran éxito de Darwin, según su propio análisis, se debe a su capacidad para ver, observar y aprender de las objeciones a sus pensamientos.

Ada Nuño, Cómo pensaba Darwin: la regla de oro de los grandes científicos, el confidencial 19/04/2019

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