Com mantenir la fe en el diàleg polític?




El diálogo y la exposición a otras ideas es enriquecedor cuando es amistoso y respetuoso. En caso contrario, acaba polarizando aún más el debate.

Una forma de cuidar el tono de la conversación es el llamado principio de caridad, que, en palabras del filósofo estadounidense Gary Gutting, se refiere a “la voluntad de desarrollar nuestros argumentos teniendo en cuenta la mejor versión de la posición de nuestros oponentes”. La “mejor versión” es la más defendible o, al menos, “la que no asume que nuestros oponentes están en la bancarrota moral o intelectual”.

Es decir, se trata de partir de que las personas que no piensan como nosotros no son malvadas, ni idiotas, ni está malinformadas, sino que, como nosotros, quieren lo que consideran que es mejor para la sociedad.

Para emplear este principio, Gutting recomienda expresar en lenguaje neutral las posiciones de quienes piensan diferente y articular de la forma más positiva posible las razones que sostienen estos puntos de vista. Gutting, progresista, pone como ejemplo que un conservador cree que la empresa privada puede generar suficiente riqueza para permitir que todo el mundo pueda valerse por sí mismo y que el Estado solo tenga que cuidar de quienes realmente no pueden valerse por sí mismos. Gutting no está de acuerdo con esta postura, pero cree que caricaturizarla impide rebatirla.

Porque para este filósofo, esta postura no es solo una forma de ser amable: “Sienta las bases de una crítica más efectiva de las posiciones conservadoras” (o las que sean), ya que permite “centrar los argumentos en los puntos de debilidad real”. Y añade: “Estos argumentos son el principio, no el final, de una discusión fructífera de diferencias políticas fundamentales”.

Jaime Rubio Hancock, Por qué no vas a convencer a (casi) nadie de que cambie de opinión en política, Verne. El país 26/04/2019

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