dimecres, 28 de setembre de 2016

Pólis vs oíkos (Aristòtil).

Resultat d'imatges de la vida privada en la gracia clásica

Aristóteles determina los distintos espacios comunitarios, su ordenamiento temporal, ontológico y valorativo; cómo el nivel último (pólis) es en realidad primero, pues a él conducen los anteriores y en él encuentran su plenitud. La ciudad o comunidad política (koinonía politiké) no supone, por consiguiente la desaparición de los niveles anteriores, como sí sucedía en Platón, en cuya ciudad ideal debían disolverse otras comunidades (familias, gremios). En Política lo que observamos es que se integran reordenándose en ella; la ciudad «comprende a todas las demás (periékhousa tás allas)» (1252a, 6) no las suprime.

La pregunta que a continuación nos hacemos es si esta diferenciación supone igualmenteuna distinción en sus modos de gobierno, pues hay una amplia tradición que los confunde, o que toma al inferior como el modelo que ha de seguir el superior, y así la comunidad política no habría de ser sino un trasunto de la casa, esto es, una especie de gran familia, o que considera que la administración de aquélla no se distingue en lo esencial de la de ésta, y por ello, la economía puede tomarse como el referente también de la pólis, y el saber propio de su administración serlo también de la gobernanza de ésta. Aristóteles, que conocía a los iniciadores de aquella tradición, lo niega de entrada, basándose en un principio tan sólo en las distinciones que hasta ahora vimos: «No tienen razón, por tanto, los que creen que es lo mismo ser gobernante de una ciudad (politikón), rey (basilikón), administrador de su casa (oikonomikón) o amo de sus esclavos (despotikón), pensando que difieren entre sí por el mayor o menor número de subordinados, y no específicamente (...) Para ellos en nada difiere una casa grande de una ciudad pequeña» (1252a, 7-13). Para ellos forman parte del mismo ámbito de la política categorías como la de rey, déspota y ecónomo; no serían sino variantes de una misma forma de autoridad, de ejercicio del poder. Vemos que Aristóteles disiente, que excluye claramente del campo de lo político lo que es gestión de la casa, lo que es autoridad paterna, lo que es dominio sobre esclavos; y, como esperamos mostrar, también la relación regia si no definitivamente excluida, quedará muy alejada de ese campo. 

Para comprender mejor la especificidad de lo político, Aristóteles analiza las distintas relaciones que se dan en la casa, el tipo de autoridad que se ejerce en ellas, y el saber global que pertenece a este dominio. Distingue tres tipos de relaciones en su seno, la que vincula a amo y esclavos, por una parte; y las que se dan entre libres, por otra, en la que se diferencian la relación entre marido y esposa, y la del padre con los hijos. (...)

La diferencia insalvable entre el esclavo y el hombre libre es lo que imposibilita una relación política entre ellos. «Todos aquellos que difieren de los demás tanto como el cuerpo del alma o el animal del hombre (y tienen esta disposición todos aquellos cuyo rendimiento es el uso del cuerpo, y esto es lo mejor que pueden aportar) son esclavos por natura-leza, y para ellos es mejor estar sometidos a esa clase de imperio, lo mismo que para el cuerpo y el animal» (1254b, 16-20). Esta misma razón de la diferencia natural es la que explicaría igualmente lo adecuado del dominio despótico entre los pueblos bárbaros; «pues por ser de condi-ción más servil los bárbaros que los griegos y los asiáticos que los europeos, soportan el gobierno despótico sin el menor desagrado» (1285a, 19-22).

Otra característica del dominio sobre los esclavos es que en él se busca siempre «la conveniencia del amo» (1278b, 35), exactamente igual que la conveniencia en el manejo de un instrumento, solo importa la del artesano que lo usa (Ètica a Eudemo, 1241b-1242a). No impera en esta relación ningún interés común. Por esto Aristóteles considerará a todos los regímenes en que no domine el interés común, sino que «sólo tienen en cuenta el de los gobernantes», regímenes despóticos (1279a, 19).

Aristóteles califica de despótico (despotikén) el tipo de imperio o gobierno (arkhé) que ejerce el amo (despótes) sobre los esclavos.

La conclusión es clara, «no es lo mismo el gobierno del amo que el de la ciudad» (1255b, 16). El imperio despótico queda definitivamente excluido de lo relativo a la pólis. La relación política no es instrumental. Despoteía y politiké son categorías excluyentes.

Jorge Álvarez YagüezLa categoría de política. Aclaraciones desde la perspectiva de un clásico republicano, Isegoría nº 39, julio-diciembre 2008, pàgs. 311-333