divendres, 30 de setembre de 2016

La política exclou la dona (Aristòtil).

Resultat d'imatges de mujer y política

La relación entre marido y esposa se trata de una relación entre seres libres, que poseen logos, capacidad deliberativa, y no incompleta. Es manifiesta, pues, su diferencia con respecto al esclavo y a los hijos; no le corresponde, por consiguiente, una relación despótica (esclavos) ni tampoco regia (hijos). Debería corresponderle un gobierno adecuado a una relación entre iguales. La consecuencia no podría ser otra, pues, que la de calificar esta relación como una relación política, ya que «el gobierno político es de libres e iguales» (eleuthéron kai ison) (1255b, 20). Y así lo hace Aristóteles, pero no sin vacilaciones ni total coherencia. «El padre y marido gobierna a su mujer y a sus hijos como a libres en ambos casos, pero no con la misma clase de autoridad (arkhés): sino a la mujer como a un ciudadano (politikós) y a los hijos como vasallos (basilikós)» (1259b, 39-41). Pero Aristóteles no es totalmente congruente en este punto: «En efecto, salvo excepciones antinaturales, el varón es más apto para la dirección (egemonikóteron) que la hembra, y el de más edad y hombre ya hecho, más que el más joven y todavía inmaduro. Pues bien, en la mayoría de los regímenes de ciudadanos (politikais arkhais), estos alternan sucesivamente en las funciones de gobernante y gobernado (pues son iguales en cuanto a su naturaleza y no difieren en nada); sin embargo, cuando uno rige y el otro es regido, se procura establecer una diferencia mediante el atavío, los tratamientos y los honores, como lo dio a entender Amasis con su ejemplo del lavapiés. La relación del varón respecto de la hembra es siempre de esta manera» (1259b, 1-10). Como vemos, la igualdad queda rebajada, desde el momento en que uno de los cónyuges aparece como naturalmente (phýsei) superior al otro, el hombre a la mujer, y en consecuencia, en el mismo grado quedaría desvirtuado el carácter político de la relación (1). (...)

La proximidad de la condición de la mujer al varón no acaba, por tanto, de incluirle en la relación propia de iguales. Por ello no nos sorprende que en un momento dado Aristóteles califique el gobierno del marido sobre la esposa no de político como se hacía en Política I, sino de aristocrático: «El gobierno del marido sobre la mujer es manifiestamente aristocrático (aristocratiké), puesto que el marido manda conforme a su dignidad (kat’axían) y en aquello que debe mandar; todo lo que cuadra a la mujer se lo cede a ella» (EN, 1161a, 32-34). Y en referencia a la amistad, que le sirve igualmente a Aristóteles para diferenciar regímenes, nos dice que la existente entre el marido y la mujer «es la misma que la de la aristocracia» (EN, 1161.ª, 22-23). (...)

La diferencia entre hombre y mujer convierte en no totalmente apropiado el gobierno político entre ellos; la diferencia de la mujer con respecto a niños y esclavos, excluye el gobierno despótico y el regio. De ahí esta decantación por el gobierno aristocrático, más conforme a un gobierno entre impares, en el que no hay turno en la función de mando y obediencia. Sólo en el gobierno político se da además de la condición de libertad, la de igualdad y alternancia de las funciones de gobernante y gobernado.

Jorge Álvarez YagüezLa categoría de política. Aclaraciones desde la perspectiva de un clásico republicano, Isegoría nº 39, julio-diciembre 2008, pàgs. 311-333


(1) Sorprende cómo la opinión o el prejuicio extendido puede también con el gran genio, cómo un atento observador, de método de naturalista, sostuviese sobre la mujer ideas como la de que tenía menos dientes que el varón, o que si se miraban a un espejo durante la menstruación éste se teñía de rojo. Por otra parte, es conocida la teoría de De generatione animalium de que la mujer sólo es causa material de la generación, siendo el varón la causa formal, eficiente y final. Según esto, la mujer sería tan sólo un instrumento del hombre para la generación.