dilluns, 19 de setembre de 2016

Casos reals de nens salvatges.



En El libro de la Selva, una serie de cuentos escritos por el premio nobel Rudyard Kipling, el protagonista principal,Mowgly, es un niño que se pierde cuando sus padres huyen del ataque de un tigre con malas intenciones llamado Shere Khan. Entonces, los lobos de la jungla le adoptan y le protegen como si fuera un miembro más de la manada. 

La historia de Mowgly nunca ocurrió pero sí ha habido casos similares en el mundo. Uno de los más increíbles es la historia de Natasha Mikhailova, el cual salió a la luz en el año 2009. Esta niña siberiana, al poco de nacer fue rechazada por sus padres y sólo se la dejó convivir con unos perros en una azotea. Durante dos años, sus progenitores ni siquiera le hablaron ni dieron de comer nada especial. No tuvo contacto con otros humanos ni con el mundo exterior. Fue tratada como un perro más. Lo que ocurrió después fue que Natasha dejó de hablar y comenzó a ladrar, a beber con la lengua y a caminar a cuatro patas. El cariño y conocimientos que sus padres le negaron lo encontró en los perros. En la actualidad reside en un centro de rehabilitación social. 

Pero también tenemos un caso en España que se convirtió en película y documental. Se trata de Marcos García, al que he tenido el gusto de conocer y entrevistar personalmente. Su padre y madrastra, quienes le maltrataban, le vendieron a un pastor de Sierra Morena con tan solo unos pocos años de edad. Cuando el pastor murió, Marcos decidió quedarse en las montañas. Un día que Marcos tenía mucho hambre y frío se metió en una lobera donde había varias crías. Allí se quedó dormido hasta que aparecieron el gran lobo y la gran loba que regresaban de cazar. Al principio, cuenta Marcos, le gruñeron y él se echó las manos al cuello para protegerse de un posible ataque. Pero en un instante todo cambió y los amenazantes gruñidos se convirtieron en lametazos. Hasta le dieron comida con su propia boca. Desde ese mismo momento se convirtió en un miembro más de la manada. Aprendió a cazar con ellos, a hacer ruidos de animales para atraerlos y poder comer. Hasta se vistió con las pieles de sus presas. 

A finales de los años 50, otro niño fue encontrado viviendo con gacelas en un desierto sirio. Con una musculatura increíble, era capaz de alcanzar los 50 kilómetros por hora corriendo. Tuvo que ser capturado por policías a bordo de un todoterreno. Posteriormente, fue institucionalizado durante un tiempo pero se escapó sin que nada se sepa hasta el día de hoy. Se desconoce cómo llegó a vivir en ese desierto o dónde se encuentra en el presente. La misma suerte corrió un adolescente encontrado en un bosque ruso que vivía como un lobo en una manada. Sin capacidad de hablar y muy agresivo, se escapó del hospital el mismo día que fue capturado. Aún hoy es buscado por las afueras de Moscú. 

Vania Yudin vivía con su madre en un apartamento lleno de pájaros. Su madre se negó a tener cualquier tipo de contacto con él. Ni siquiera se dignaba a hablarle. Como consecuencia, el niño no podía pronunciar una sola palabra pero sí aprendió a hacer los sonidos de los animales con los que convivía. Expresaba sus sentimientos agitando los brazos, como lo hacen los pájaros con las alas. Su caso fue conocido cuando tenía la edad de 7 años y fue trasladado por los servicios sociales a una institución que se encargó de su rehabilitación. 

El año pasado, las autoridades malasias anunciaron que al fin capturaron al "niño orangután", del cual aún no se sabe ni la identidad ni el nombre. Sólo se conoce que tiene entre 4 y 7 años de edad. El caso fue reportado a la policía por los lugareños y el ejército comenzó una larga búsqueda hasta su captura. Este niño salvaje ha estado viviendo con orangutanes durante muchos años, viajando y trepando por los bosques, comunicándose y alimentándose como si fuera un primate más. De hecho no sabe hablar. Su captura fue especialmente difícil porque los orangutanes, su verdadera familia, le ayudaron para que no fuera apresado por el ejército, responsables de la misión. Los soldados tuvieron que sedar a tres de estos grandes simios con dardos tranquilizantes para poder agarrarle y llevarle a la localidad más cercana. Cuando ese mismo día fue ingresado en un hospital, tras unos análisis, los doctores estaban sorprendidos de su buen estado de salud.

Pero no es el primer caso de niños humanos criados por primates. En el año 1996, en Nigeria, fue encontrado Belo, "el niño chimpancé", con 10 años de edad aproximadamente, de los cuales año y medio fue miembro de una comunidad de chimpancés, quienes le cuidaron y protegieron de los peligros. Otro caso digno de observación fue el de John Sebunya en Uganda, encontrado en el año 1991 tras ser criado por monos durante varios años en la selva. 

Hay más casos, pero lo que todos tienen en común es que estos niños, afortunadamente, encontraron en los animales lo que los miserables humanos no les quisimos dar.

Pablo Herreros, Las historias reales de niños salvajes criados por animales, Yo, mono 17/10/2015