dimarts, 20 de setembre de 2016

Per a una filosofia amb l'estil de Protàgores.

Resultat d'imatges de Protágoras
Protàgores
La imaginación filosófica no está de moda. Además de extraña, irritante a veces y llena de incertidumbres, la de los filósofos, ya se sabe, es una actividad inútil. Un lujo que, tal y como están los tiempos, no nos podemos permitir. Los viejos y desgastados filósofos profesionales andan perdidos en sus enredos académicos, aunque bien es cierto que cada vez menos, ya que con los nuevos planes de estudios, estamos extinguiéndoles de nuestros proyectos de ciudadanía.

Y, sin embargo, algunos procuramos insistir con pasión en la tarea de liberar las palabras filósofo, filosofía y filosofar tanto de su secuestro epistemológico como de su ninguneo por parte de los ejecutivos de la mitología de los mercados. Para este empeño en sacar a la filosofía del lugar ocupado por su tradición metafísica afín al estilo Platón de transmisión de los saberes, puede sernos útil el ejercicio pragmático de los nuevos juegos narrativos de lenguaje con el estilo Protágoras de comunicación entre personas. En este segundo sentido, emancipador de los usos vigentes, a la imaginación filosófica la hacemos venir como el juego de lo posible acerca de nuestras maneras de vivir. Esta actitud, la de las personas filosofando, se dice en los usos lingüísticos que asociamos al género metanarrativo que interroga y pone en entredicho los relatos de vida que hemos absorbido como personas esponja en las relaciones culturales de nuestro entorno.

¿Y si no concibiéramos la filosofía como el nombre de una asignatura o disciplina académica, ni como el de un departamento didáctico o una facultad universitaria, ni tampoco como el de una sección de ventas en las librerías...? ¿Qué acontecería a nuestro alrededor si la filosofía fuera eso, filosofía: la actividad de ponerse a entrenar una actitud de extrañamiento del mundo? ¿Cómo transformaríamos las redes de relaciones en el mal sueño del globalizado bloque del mito de la verdad ahora ocupada por los mercados? ¿Para qué nos serviría acostumbrarnos a elogiar las narraciones metanarradas de los usos vigentes interrogados, interpelados y desanclados, expuestos al juego de otro posible saber hacer asociaciones humanas?

¿Dónde, en qué diversidad y alteración de espacio-tiempo, haríamos venir la convivencia cultivando el arte de emancipar nuestros usos o juegos de lenguaje heredados –esos mismos que nos desocupan de los relatos de vida propios y del empoderamiento de nuestro deseo de crecimiento personal– con la imaginación filosófica germinadora de otros sueños por soñar? ¿Qué pasaría si en el arte de la filosofía nos entrenáramos para emanciparnos de las narraciones recibidas como verdades absolutas, como creencias ya preconcebidas por otros, con ese aire tan familiar suyo de lo que hemos dado por supuesto porque llevamos toda una vida jugando a esa manera de convivir?

Imaginemos qué panorama abrimos al respecto de nuestra imagen de nosotros mismos y de las demás personas en comunidades de investigadores narradores (CIN), cuando lo que hacemos es aplicar este ejercicio filosófico de emancipación a las palabras fragilidad, incompetencia y relativismo.

Rodolfo Rezola, Elogio de la filosofía. O el arte de emancipar las palabras, Claves de razón práctica nº 247