dijous, 29 de setembre de 2016

Per què la monarquia no entra dins la categoria de política? (Aristòtil).

Resultat d'imatges de monarquía

No es la relación amo-esclavo la única existente en la casa, según Aristóteles. En las otras dos (marido-esposa; padre-hijos) ya no existe tan gran diferencia entre los seres que la contraen, pues se trata de una relación entre individuos libres. La proximidad a lo político queda, entonces, posibilitada ya que el gobierno político, en definitiva, «se ejerce sobre libres» (1255b, 18). Ahora bien, los seres libres de la casa no están situados todos en el mismo plano, también aquí encontramos diferencias significativas. La mujer y los hijos no están en la misma situación de plenitud que el padre. Ninguno de ellos, ciertamente, tiene naturaleza de esclavo pues disponen de ló-gos, no están en la situación de aquel que sólo es capaz de reconocerlo. Mujer y niños tienen capacidad deliberativa (tó bouleitikón), algo esencial de que carecía el esclavo. El niño, sin embargo, posee esta facultad en un estado aún no suficientemente desarrollado, de manera que la posee pero de manera incompleta. (...)

En la medida en que el hijo está en un proceso de desarrollo de manera que aun no ha alcanzado la plena racionalidad, y su carácter aún se distingue por el predominio de apetitos y deseos, el lógos rector deberá estar temporalmente encarnado en otro, el padre. Se daría entre ambos una relación semejante a la existente entre la parte racional y la parte irracional del alma, que era calificada también por Aristóteles de regia.

Sólo entre bárbaros o entre gentes acostumbradas al despotismo cabe confundir, según Aristóteles, una relación y otra, y que no se aprecie la diferencia que distingue a los esclavos de los hijos. «Entre los persas el gobierno del padre es tiránico y los padres tratan a sus hijos como a esclavos. Es también tiránico el gobierno del amo respecto del esclavo, pues en él se hace lo que conviene al amo. Pero ésta es una forma de gobierno recta y la persa errónea, porque los modos de gobernar seres distintos deben ser distintos» (EN, 1160b, 27-32). 

Por otra parte, la diferencia existente entre hijo y padre no es más que una diferencia de carácter temporal, en cierto modo como la que pudiera haber entre un hombre de más edad y un joven. Algo no muy distinto de lo que sucede entre los súbditos y el rey, pues si bien «el rey tiene que ser, en efecto, naturalmente distinto de sus súbditos», en realidad son unos y otros «de la misma casta» (1259b, 15).

Queda claro, entonces, que no puede ser lo mismo monarquía que tiranía, pues en ésta se gobierna a los súbditos como si no fueran de la misma casta, se les trata en definitiva como a esclavos. Aristóteles, como es sabido, considerará la tiranía un régimen desviado, corrupto, «una per-versión de la monarquía» (EN, 1160b, 10). Pero queda igualmente claro que en el gobierno monárquico el súbdito es tratado paternalmente, como si de un niño se tratara, como alguien que aún no tiene una auténtica capacidad deliberativa. Es importante retener este aspecto por cuanto que nos conducirá a una conclusión en la que la monarchías no entre totalmente en la categoría de política.  

Jorge Álvarez YagüezLa categoría de política. Aclaraciones desde la perspectiva de un clásico republicano, Isegoría nº 39, julio-diciembre 2008, pàgs. 311-333