dilluns, 5 de setembre de 2016

Democràcies monitoritzades i societat de l'observació (Daniel Innerarity).

Resultat d'imatges de sociedad de la observación

La “democracia monitorizada” es esa forma de democracia en la que la ciudadanía dispone de múltiples medios para observar y evaluar sus gobiernos. Esta posibilidad va desde las tradicionales formas de control parlamentario y judicial, hasta el creciente papel de las agencias regulatorias o las redes sociales que aseguran que todo lo que pasa es objeto de observación y debate público. La exigencia de transparencia tiene su origen en aquel principio ilustrado según el cual la vida democrática debería desarrollarse, en expresión de Rousseau, “bajo los ojos del público”. (…) Las tecnologías de la comunicación y la información posibilitan una vigilancia democrática que era impensable en otras épocas de asimetría informativa. (…)

Vivimos en los que me gusta llamar “sociedad de la observación” (…). Los sistemas políticos son de forma creciente, desde el ámbito doméstico hasta el espacio global, lugares públicamente vigilados. (…) La globalización es también un espacio de atención pública que reduce sensiblemente las distancias entre testigos y actores, entre responsables y afectados, entre uno mismo y los demás. Se configuran así nuevas comunidades trasnacionales de protesta y solidaridad. Los nuevos actores, en la medida en que vigilan y denuncian, desestabilizan cada vez más la capacidad del poder para imponerse de forma coercitiva. La humanidad observadora participa directamente en el debate que funda el espacio público mundial y actúa en nombre de una legitimidad universal, de modo que ningún Estado puede hacer abstracción de esa mirada posada sobre él. Como en otras esferas de la vida, también en la política el hecho de saberse controlados mejora nuestro comportamiento o, al menos, disuade de cometer los errores que tienen su origen en el secreto y la opacidad. Nuestros espacios público conocen muchas expresiones de eso que se ha dado en llamar naming and shaming: el poder disuasorio de la condena, la exposición pública, la denuncia y la vergüenza, que no es un poder omnímodo pero en muchas ocasiones disciplina los comportamientos.



Daniel Innerarity, ¿Cuánta transparencia soportan nuestras democracias?, La maleta de Portbou nº 12, Julio-Agosto 2015, pàgs. 16-22