Les raons de l'oblit, per part de la filosofia occidental, del tema de la vida filosòfica (Michel Foucault).


La filosofía occidental –tal fue su historia y acaso tal fue su destino- suprimió progresivamente, o al menos ignoró y mantuvo a raya, el problema de la vida filosófica, a cuyo respecto, sin embargo, había planteado al comienzo que no podía disociarse de la práctica filosófica. Ignoró cada vez más, mantuvo cada vez más a raya el problema de la vida en su vínculo esencial con la práctica del decir veraz. Es de suponer que ese olvido, esa negligencia, esa supresión, esa exteriorización del problema de la verdadera vida, de la vida filosófica con respecto a la práctica y el discurso filosófico, son el efecto de una serie de fenómenos, o que los manifiestan.

Puede decirse sin disputa que la absorción, y hasta cierto punto la confiscación del tema de la práctica de la verdadera vida por la religión, fue una de las razones de esa desaparición. Como si la filosofía se aligerara del problema de la verdadera vida en la medida en que la religión lo hacía suyo, de manera cada vez más notoria, desde fines de la Antigüedad hasta el mundo moderno. También puede suponerse que la institucionalización de las prácticas del decir veraz en forma de una ciencia (una ciencia con normas, una ciencia regulada, una ciencia instituida, una ciencia que cobra cuerpo en instituciones) fue sin duda la otra gran razón por la cual el tema de la verdadera vida desapareció como cuestión filosófica, como problema de las condiciones de acceso a la verdad. Si la práctica científica, la institución científica, la integración al consenso científico bastan por sí solos para garantizar el acceso a la verdad, es obvio que el problema de la verdadera vida como basamento necesario para la práctica del decir veraz desaparece. Confiscación del problema de la verdadera vida por la institución religiosa. Anulación del problema de la verdadera vida en la institución científica. Entenderán por qué la cuestión de la verdadera vida no dejó de agotarse, de atenuarse, de suprimirse, de desgastarse en el pensamiento occidental.(247)

Clase del 14 de marzo de 1984. Primera hora.


Michel Foucault, El coraje de la verdad, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires 2010

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