Contra el discurs social patriarcal.

Almudena Hernando
"No es que las religiones monoteístas seamos machistas, como se nos atribuye tan  a menudo; no es que vayamos contra la igualdad de los sexos, o la equivalencia de los mismos, como pretenden quienes nos acusan de no permitir que las mujeres sean ministros de Dios deduciendo con ello que las consideramos inferiores. Lo que ocurre es que con nuestra doctrina y nuestra forma de creer en la humanidad, lo que pretendemos es defender a las mujeres", decía un clérigo en un programa de televisión que vi y no he olvidado hace al menos dos décadas...  Le respondió una mujer que compartía la mesa del debate: "Nosotras no necesitamos protección, de hecho ya somos protectoras de nuestros hijos, de nuestros parejas, de nuestro trabajos, nosotras lo único que necesitamos es igualdad jurídica y cumplimiento de la ley. De lo demás ya nos encargamos nosotras mismas".


Esta sería una forma de plantear la injusticia histórica de la desigualdad de los sexos. Otra sería por ejemplo la que parte de la convicción que esta desigualdad se basa en la división de funciones que se ha atribuido desde tiempo inmemorial a los hombres y a las mujeres: ellos la caza y la lucha, ellas el cuidado del hogar y de los hijos. Otra aún la que partiendo de su naturaleza atribuye a los hombres una fortaleza  psicológica más apta para el papel de conductor de la familia y la sociedad, y a las mujeres un menor equilibrio emocional que la mantendría en labores más relacionadas con el sentimiento y de menor responsabilidad económica y social, incluso mental. Así nos explicaba la Falange Española como teníamos que actuar para comprender el matrimonio.  Y muchas más encontraríamos hurgando en la historia del feminismo y sobre todo en la del machismo.

Extraordinaria me ha parecido esa nueva -por lo menos para mí- forma de  enfocar el problema de la desigualdad que nos propone, en un libro muy interesante y de una gran profundidad, Almudena Hernando: La fantasía de la individualidad,  sobre la construcción sociohistórica del sujeto moderno , publicada por  Katz Editores. De hecho lo fundamental de esta histórica disociación partiría del hecho de que la responsabilidad de que "tengamos un orden social caracterizado por la desigualdad de género, el orden patriarcal, se debe a la falsa convicción de que el individuo puede concebirse al margen de la comunidad y que la razón puede existir al margen de la emoción". Así reza en la contracubierta el resumen de lo que contiene el libro en un alarde de precisión muy poco común que agrupa una serie de conceptos magníficamente definidos y vinculados entre sí hasta conseguir un entramado de una gran solidez: el origen; la identidad relacional distinguiendo entre la que tiene y la que no tiene poder en el mundo; el mito o, como lo define la propia autora, la fantasía de la individualidad, y la forma de actuar (inconsciente) por parte de los hombres.

No hace falta ser unos expertos para sentirnos profundamente atraídos por ese laberinto de ideas que se van relacionando y aclarando a medida que leemos y avanzamos, introduciéndonos en un ámbito nuevo y, lo que es más sorprendente, exigiéndonos una mirada nueva, distinta, para calibrar un viejo problema también desde el punto de vista histórico, filosófico y social, como si, sin expresarlo, la autora quisiera que lo volviéramos a repensar todo sin los habituales prejuicios y "desvelando la apariencia de las cosas" en una sociedad que, se diría, nos cuelga a todos, mujeres y hombres, el sambenito desde el mismo momento de nacer.

"Mi esperanza, nos dice Almudena Hernando, es desentrañar algunas claves para entender la lógica que guía (la relación de poder que en cuanto a norma social aún se mantiene en la actualidad)  pero sobre todo que su comprensión pueda ayudar a luchar contra esa subordinación". El libro acaba con una serie de páginas analizando y debatiendo los viejos conceptos  "sexo" y género" y otras a modo de Conclusión donde se barajan ideas relacionadas, y se nos previene de la necesidad de "revertir la dirección y el ritmo acelerado que este orden disociado (patriarcal) imprime al cambio social". De lo contrario corremos el riesgo de que nuestra forma de lucha, sea personal o política, se aleje cada vez más de la realidad humana, de las verdaderas necesidades emocionales  de los ciudadanos y de la paz social. Porque "nunca como ahora ha sido tan necesaria una crítica feminista contra la disociación que define el poder que nos rige, por lo que nunca como ahora será tan combatida por el discurso social (patriarcal)".

Espléndida forma de resumir el pensamiento y el debate que nos ha conducido a través de todas las páginas del libro, en un momento en que buena parte de las mujeres y más aún de los hombres, sobre todo del primer mundo, tampoco ven el peligro que entraña  la autosatisfacción que nos provoca la creencia -nunca demostrada- de haber avanzado moral y socialmente  hasta casi conseguir el objetivo final de la igualdad de sexos. O de géneros.

Rosa Regás, Mujeres e identidad de género, Ellas, 01/07/2013

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