democràcia amenaçada (diccionari Bauman).

Resultat d'imatges de erdogan

Existe una posibilidad real de que los tradicionales mecanismos de salvaguarda (como la división de Montesquieu en tres poderes autónomos, legislativo, ejecutivo y judicial, o el sistema británico de “checks and balances”) pierdan aceptación por parte del público, sean despojados de su significado y sean reemplazados explícitamente o de hecho por una concentración de poder según un modelo autoritario o incluso dictatorial. Erdogan, la victoria de Trump y el éxito del Brexit británico  son algunos de los numerosos síntomas de una tendencia, por decirlo de alguna manera, a retirar el poder de las nebulosas cumbres elitistas en las que ha estado instalado o donde ha sido arrastrado y traerlo de nuevo a “casa”: es decir, a una comunicación directa entre la persona fuerte situada a la cabeza y el agregado de sus seguidores/sujetos que cuentan con las “redes sociales” como instrumento para adoctrinar y sondear la opinión.

Los instrumentos ortodoxos, que considerábamos familiares y que pensábamos que estaban ahí para combatir los problemas y las ansiedades que nos atenazaban, ya no existen, o más bien, ya no creemos que puedan cumplir su promesa. En una sociedad en la que cada vez menos personas recuerdan de primera mano lo que significaba vivir bajo los encantos de un régimen totalitario o dictatorial, el “hombre fuerte” (que todavía no hemos experimentado) no supone un veneno, sino un antídoto: por su supuesta capacidad para saber hacer las cosas, por las soluciones rápidas e instantáneas y por los efectos inmediatos de las cosas que promete llevar a cabo en su nombre.

Para aquellos a los que les ha fallado la civilización, los bárbaros son los salvadores. En algunos casos, esto es lo que ellos mismos se esfuerzan en hacer creer para convencer a los crédulos de que así es. En otros casos, eso es precisamente lo que desean fervientemente creer aquellos que han sido abandonados y olvidados durante el reparto de los grandes dones de la civilización. (Zygmunt Bauman).

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