dijous, 8 de setembre de 2016

L'educació, l'instrument democràtic per frenar el pensament polític natural (Raffaele Simone).

Resultat d'imatges de john dewey
John Dewey


Los principios que constituyen la forma natural de pensar la política parecen conducir a la conclusión de que la actitud política nativa de los seres humanos es "totalitaria" y si se quiere "fascista". Estors términos se entienden, obviamente, en sentido neutro, como etiquetas compactas de conjuntos unidos a factores. Para transformar al niño de "pequeño totalitario" en "pequeño demócrata" es preciso el esfuerzo prolongado de frenar lo natural, es decir dominar la propensión a prevalecer o a dejar que alguien prevalezca sobre nosotros. Para eso debería servir la educación, la acción de la familia y el ambiente, aunque no siempre estos tres actores cooperan con éxito. En todo caso el proceso es largo y exigente: por eso no sorprende que no siempre se consiga. 

Ahora bien, la extraordinaria peculiaridad de la hipótesis democrática consiste en el hecho de que esta repudia y pretende someter el "pensamiento político natural" convirtiéndolo en su contrario. Contiene una inmensa inversión en la naturaleza humana, asumiendo que es mansa, cooperativa, tolerante, pacífica ... Ya esta lista de epítetos puede suscitar incredulidad. No basta: se necesita también presuponer que los hombres y las mujeres son iguales y que se les trata del mismo modo. Por eso Bobbio considera la hipótesis democrática incluso "subversiva": "Dondequiera que llega, subvierte la tradicional concepción del poder, tan tradicional que es considerad natural, según la cual el poder (...) desciende de arriba abajo". No basta: pretende también que sea la mayoría la que gobierne, que la misma pueda fluctuar de una parte política a la otra y que en todo caso se le reconozca a la minoría el derecho de existir y expresarse. Esencialmente todos los principios del pensamiento político natural son rechazados. Así que es bien audaz, hasta acrobático, el apriorismo de la hipótesis democrática, vista la cantidad de principios "naturales" que rechaza. 

Esta síntesis de principios naturales de la que reniega la hipótesis democrática no está hecha para agradar a los rousseaunianos ni a los lockianos en circulación, sino que sirve para subrayar su carácter profundamente "artificial". Este término se emplea aquí en sentido estrictamente neutro, sin implicación negativa alguna: la hipótesis democrática es "artificial" porque suspende y niega una variedad de asuntos humanos "naturales". En tanto que artificial, sin embargo, está expuesta al permanente riesgo de fracasar. Para percibir su temeraria peligrosidad basta medir la enorme distancia entre su punto de partida (la radical diversidad, que confiere a alguien privilegios que son negados a la mayoría de los demás) y el punto de llegada (la sustancial igualdad de prerrogativas, de derechos y deberes). Los móviles del pensamiento político natural, si bien reprimidos y, por así decirlo, mantenidos a raya por la fuerza de la democracia, pueden volver a aflorar y retomar el control. Fenómenos como el racismo, por ejemplo, no son sino el reaparecer del principio de diversidad primordial.

No sorprende por tanto que una hipótesis con unos fundamentos tan frágiles, que es practicada a pesar de todo, necesite ser elaborada con cuidado y sin descanso: debe ser reforzada por el contexto social, sostenida con buenos ejemplos (y con el "buen ejemplo" en general), cultivada con la ayuda no sólo de la mentalidad democrática, sino también de la mitología que la acompaña. En particular debe ser sostenida por la educación, como había intuido John Dewey: "Puesto que una sociedad democrática repudia el principio de la autoridad externa, debe encontrar un sustituto en la disposición y en el interés voluntarios: estos solamente pueden ser creados por la educación".

La necesidad de un dispositivo tan complicado de conservar y proteger sugiere que la democracia no es una cumbre conquistada para siempre, sino el inestable punto de llegada de un proceso, intrínsecamente expuesto al riesgo de crisis y de catástrofe. (31-32)


Raffaele Simone, El Hada Democrática. Cómo la democracia fracasa, Taurus, Barna 2016