dimarts, 5 de juliol de 2016

Engany, autoengany i llenguatge.



La verdad tiene estructura de ficción
Jacques Lacan
La corola de la orquidea es un reclamo sexual perfecto para los insectos


Hay pocas oportunidades de leer a Robert Trivers pues incomprensiblemente ninguna de sus obras ha sido traducida al castellano. Menor aun es la posibilidad de oirle en una entrevista. Trivers es uno de esos autores muy citados en todos los estudios de psicología evolutiva pero que pocos conocen de primera mano. Afortunadamente aqui hay un articulo de Alfredo Ruiz donde nos resume a los hispanohablantes sus ideas respecto al tema de este post.

El inefable Punset le entrevistó para Redes en este primer video y siguió con el tema del engaño y el autoengaño en el segundo video con otro neurocientífico interesante Marck Hauser.

Video 1.-

Video 2.-




Antropólogo y biólogo Trivers es seguramente uno de los nombres mas importantes de la neurociencia actual y la psicología evolutiva, sus estudios sobre el altruismo recíproco arrojaron luz para la comprensión evolutiva de una de las conductas mas incomprensibles de los organismos vivos a la luz del evolucionismo puro y duro: la ayuda mutua. Menos conocidos son sus estudios sobre el engaño y el autoengaño.

El engaño es una conducta que podemos encontrar en toda la escala animal y que sirve para obtener ventajas en la interacción con otros individuos usualmente de la misma especie pero tambien entre distintas especies y utiliza el amago de las verdaderas intenciones: no hay engaño sin ocultación, a este respecto ya escribí hace un tiempo un post sobre los engaños que ciertas especies efectuaban en relación con sus congéneres u otros a fin de resultar polinizadas o fecundadas, escapar de la rivalidad de los machos dominantes u obtener prebendas en la distribución de cargas.

La idea de Trivers es que el autoengaño evolucionó a partir del engaño: a fin de hacerlo más fiable en su propósito de engañar. Efectivamente los mentirosos con la repetición de sus mentiras corren el riesgo de ser descubiertos con lo que sus engaños resultarían cada vez mas ineficientes. Es por ello que la detección de mentirosos y la sofisticación de los engaños coevolucionaron.

Naturalmente la orquídea no sabe que está engañando al escarabajo pues carece de autoconciencia, ambos no han aprendido -en su escala- a discriminar los engaños de las verdades, simplemente hacen siempre lo mismo eón tras eón sin aportar nada nuevo, no hay conocimiento ni en la orquídea ni en el escarabajo, ambos se limitan generación tras generación a repetir el mismo engaño y la misma conducta engañada.

Pero los humanos gracias a la aparición del lenguaje hemos refinado mucho nuestros métodos de engaño, hasta tal punto que Guidano supone que no hay conciencia humana sin autoengaño, o dicho de otra forma, el autoengaño parece ser la prestación por defecto de nuestro cerebro: de lo que se trata es de construir un mundo que encaje con el modelo original, un modelo coherente o de alta relevancia en relación con el contexto, hacer encajar un mundo cambiante con el modelo previo que el cerebro ya ha construido. Nuestro cerebro no está pues destinado a encontrar la verdad sino a hacer congruente lo que se encuentra ahi afuera con el mapa que tiene de sí mismo adentro: el autoconcepto.

La mejor forma de mentir es que los demás no detecten nuestras mentiras- a través de esas pequeñas señales psicosomáticas que delatan una falsedad- y la mejor forma de hacerlo es llegar a creerse las propias mentiras. Esto es precisamente el autoengaño, una adaptación destinada a incorporar nuestras mentiras y hacerlas inconscientes o poco visibles a fin de aparentar ser fiables pues todo engaño está destinado a la autopromoción.

Para nosotros psiquiatras y psicólogos entender mejor estas formas sutiles o burdas de autoengaños son profundamente importantes en nuestro quehacer: prácticamente todas las patologías psiquiátricas o psicológicas están construidas con los materiales del autoengaño, la mentira, la falsificación o el disimulo. De entre ellas destaca una conocida desde la antiguedad aqunque poco frecuente: la pseudologia fantástica o mitomania a medio camino entre la histeria, la psicopatia y el delirio megalómano y que hoy ocupa un lugar destacado entre los trastornos facticios, es decir entre aquellos donde la intención de engañar o autoengañarse son tan evidentes que merecen por si mismos un capitulo aparte.

Si el autoengaño tuvo éxito como estrategia evolutiva fue por la razón de que ahorraba muchos esfuerzos al mentiroso: si alguien cree en sus propias mentiras no tiene que estar todo el tiempo vigilando las cosas que dice o hace a fin de no revelar sus falsedades. Sin embargo el autoengaño tiene un coste muy alto desde el punto de vista de la prueba de la realidad: el autoengañado ha de fragmentar el mundo en aquellas parcelas en las que se autoengaña y aquellas otras donde aplica el principio de realidad a rajatabla. Esta fragmentación del mundo tiene consecuencias mentales (la perdida del sentido de la realidad o la creación de irrealidades tal y como solemos ver en ciertos trastornos de personalidad) y somáticas, consecuencias psicosomáticas importantes aparecen al mantener constantemente esta división de múltiples estados o niveles de conciencia, es como si el individuo fuera un funambulista a gran altura: caerse es fácil y la enfermedad es su coste.

En realidad tanto las personas consideradas normales como los pacientes psiquiátricos nos autoengañamos pues el autoengaño forma parte del peaje evolutivo que pagamos por ser tan inteligentes y a fin de cuentas lo que un organismo vivo pretende es medrar y autopromoverse, lo que sucede es que unos lo hacen más que otros, todo el tiempo, de forma más intensa o abarcando campos cognitivos más amplios. La diferencia que existe entre un delirio (convicción máxima), la pseudología o la histeria de conversión (simulación maxima), la simple falsedad (inconsistencia, falsificación y superficialidad) y aquel que finge a sabiendas como puede ser el caso de un actor es a veces dificil de objetivar.

Ciertos investigadores están persuadidos de que el delirio es la forma más perturbada de autoengaño, pero aun no sabemos cual es la linea que la conciencia humana cruza para transformar un simple y a veces banal autoengaño en una enfermedad que perturba psicóticamente la prueba de la realidad.

Francisco Traver Torras, Engaño y autoengaño, Neurociencia-neurocultura 24/11/2010

Aqui hay otro buen video sobre este asunto.