dimarts, 1 de novembre de 2016

El model del pare estricte (George Lakoff)

Resultat d'imatges de George Lakoff, modelo del padre estricto

El modelo del padre estricto parte de esta serie de supuestos:

El mundo es un lugar peligroso, y siempre lo será, porque el mal está presente en él. Además, el mundo es difícil porque es competitivo. Siempre habrá ganadores y perdedores. Hay un bien absoluto y un mal absoluto. Los niños nacen malos, en el sentido de que sólo quieren hacer lo que les gusta, no lo que es bueno. Por tanto, hay que conseguir que sean buenos.

Lo que se necesita en un mundo como éste es un padre fuerte, estricto, que pueda:

  proteger a la familia en un mundo peligroso

  sostenerla en un mundo difícil

  enseñar a los niños la diferencia entre el bien y el mal.

Al niño se le pide obediencia, porque el padre estricto es una autoridad moral que distingue el bien del mal. Después se asume que el único modo de enseñar a los niños a obedecer —es decir, el bien del mal— es el castigo, un castigo doloroso, cuando se comportan mal. Esto incluye pegarles, y algunos autores de orientación educativa conservadora recomiendan que se les golpee con palos, cinturones y zapatillas de felpa en el trasero desnudo. (...)

La justificación del castigo físico es ésta: Cuando los niños hacen algo mal, si se los castiga físicamente, aprenden a no volverlo a hacer, lo que significa que desarrollarán una disciplina interna que los librará de obrar mal, y así en el futuro serán obedientes y actuarán moralmente bien. Sin ese castigo, el mundo se iría al traste. Sería un mundo sin moral.


Esa disciplina interna tiene un efecto secundario. Trata de lo que se necesita para tener éxito en un mundo difícil, competitivo. Es decir, si las personas son disciplinadas y persiguen su propio interés en un país de oportunidades como América, prosperarán y serán autosuficientes. Así, el modelo del padre estricto asocia moralidad con prosperidad. La misma disciplina que se necesita para ser moral es la que permite prosperar. El engarce entre ambas es la búsqueda del propio interés.

La existencia de oportunidades y la disciplina en la búsqueda del propio interés te permitirán prosperar.

Ahora bien, (existe) muy clara la conexión entre la visión del mundo del padre estricto y el capitalismo de libre mercado. El engarce lo constituye la moral del propio interés, que es una versión de la concepción capitalista de Adam Smith. Adam Smith sostuvo que si cada uno persigue su propio beneficio, el beneficio de todos será maximizado por la mano invisible —es decir, por naturaleza— de manera natural. Cuando persigues tu propio beneficio, ayudas a todo el mundo.

Esto enlaza con una metáfora general que identifica el bienestar con la riqueza. Por ejemplo, si yo te hago un favor, tú dices: «Te debo otro.» Hacerle algo bueno a alguien es, metafóricamente, como darle dinero. El te «debe» algo. Y dice: «¿Cómo podré pagarte?»

Aplicando esta metáfora a la «ley de la naturaleza» de Adam Smith, si cada uno persigue su propio interés, entonces, a través de la mano invisible, por naturaleza, se maximizará el interés de todos. Es decir, es moral perseguir tu propio interés, y hay una expresión para definir a aquellos que no lo hacen. Esa expresión es «los que van de redentores por la vida». Una persona que va de redentora por la vida es alguien que está tratando de ayudar a los demás sin que nadie se lo pida, interfiriéndose en el camino de quienes persiguen su propio interés. Los redentores estropean el sistema.

En este modelo hay también una definición de lo que significa llegar a ser una buena persona. Una buena persona —una persona moral— es alguien lo bastante disciplinado como para ser obediente, para aprender lo que es bueno, para hacer lo que está bien y no hacer lo que está mal, y alguien que persigue su propio interés para prosperar y llegar a ser autosuficiente. Un niño bueno se desarrolla para llegar a ser así. Un niño malo es el que no aprende a ser disciplinado, no funciona moralmente, no hace lo que está bien y, por tanto, no es lo bastante disciplinado para prosperar. No sabe cuidarse a sí mismo y así se hace dependiente.

Cuando los niños buenos se hacen mayores, o han aprendido disciplina y pueden prosperar, o no la han aprendido. A partir de ese momento, el padre estricto no se entrometerá más en sus vidas. Políticamente, esto se traduce en que el gobierno tampoco se entrometerá.

Piensa lo que significa esto para los programas sociales. Es inmoral darle a la gente cosas que no se han ganado, porque entonces no conseguirán ser disciplinados y se convertirán en dependientes e inmorales. Esta teoría sostiene que los programas sociales son inmorales porque hacen a la gente dependiente. Es inmoral promover programas sociales. ¿Y qué implica esto para los presupuestos? Bueno, si hay muchos progresistas en el Congreso que piensan que debería haber programas sociales, y si se piensa que los programas sociales son inmorales, ¿cómo se va a parar a toda esa gente inmoral?

Es muy sencillo. Lo que hay que hacer es premiar a los buenos —aquellos cuya prosperidad revela su disciplina y, por consiguiente, su capacidad moral— premiarlos con un recorte de impuestos, pero un recorte lo bastante importante para que no quede dinero para programas sociales. Según esta lógica, el déficit es una cosa buena. Como dice Grover Norquist, «mata de hambre a la bestia». (...)

¿Están los conservadores en contra de todo lo que puede hacer un gobierno? No; no están en contra del Ejército, no están en contra de la defensa de la patria, ni del actual Ministerio de Justicia, ni de los tribunales, ni de los Ministerios del Tesoro y de Comercio. Hay numerosos aspectos del gobierno que les parecen muy bien. No están en contra de las subvenciones a la industria. Las subvenciones a las corporaciones que premian a los buenos —los inversores en esas corporaciones— son estupendas. En eso no hay el menor problema.

Pero están en contra de las subvenciones para alimentos y en contra de la protección social. Están en contra de los programas asistenciales. Eso es lo que consideran malo. Y es lo que están tratando de suprimir utilizando argumentos morales. Ésa es la razón por la que no son simplemente un pequeño grupo de locos, codiciosos o ruines —o estúpidos—, como piensan muchos liberales. Pero lo que da más miedo es que los conservadores se lo crean. Creen que es moral. Y tienen seguidores por todo el país. La gente que cree en la moral del padre estricto y que la aplica a la política creerá que ése es el buen camino para gobernar.

George Lakoff, No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político (2004), Editorial Complutense, Madrid 2007